El guardián de mi hermano

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Historia de Caín y Abel. Placa de marfil paleocristiana. Museo Nacional del Louvre, París.

Uno no camina para aislarse de otros caminos sino para comprender que,  en esencia, su camino conduce al mismo lugar en el que todos los caminos convergen. Un camino que lleva la reconocimiento de nuestra conciencia universal. De un tipo de conciencia que ya no puede desligarse de lo que le pase a mi hermano, porque se sabe el guardián de mi hermano.

Pero estamos tan lejos de esto, y esta lejanía está llena aun de escenarios terribles. Guerras internas y externas, crisis financieras y psicológicas. Hasta que aprendamos que todas las formas vienen del vacío. Hasta que aprendamos que ninguna forma existente tiene el derecho de imponerse sobre otra. Hasta que recordemos lo que somos, sencillamente.

Hasta que no recordemos de una manera irrevocable e irreversible que todos surgimos de ese mismo vacío, sufriremos, inevitablemente, porque estaremos negando lo que realmente somos. Hiríéndonos y matándonos mutuamente sin comprender que en un Universo en el que todo es uno, cualquier daño revierte siempre en todas las formas en las que se manifiesta.

Necesitamos recordar lo que somos, y el trabajo de algunos es ayudarte a recordar, aunque este trabajo sea silencioso, anónimo y no salga en las noticias de las 10.

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