Autoimportancia

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Estudiar el zen significa estudiarse a uno mismo. Estudiarse a uno mismo significa olvidarse a uno mismo. Olvidarse a uno mismo significa ordenarse, dejar que cada cosa ocupe el lugar que le corresponde, sin categorías “.

Dogen

La enfermedad más grave del mundo, y la más generalizada, se llama auto-importancia.  Afecta a todos por igual, pobres y ricos, jovenes y viejos, tontos o listos, con independencia de la nación,  el estatus o el origen.

Es tarea de la vida liberarnos de ella. Quitarnos poco a poco  de en medio para situarnos en nuestro verdadero lugar. Si la dejamos. Si colaboramos. Si nos resistimos seguiremos sufriendo inevitablemente. Física, emocional, psicológica y espiritualmente. De todas las formas posibles. Hasta que la luz de la rendición comience a asomar por entre las comisuras más oscuras  de la mente, en las que nos escondemos del reflejo de nuestra propia alma. Un reflejo que está en todas partes, pero que no pertenece a nadie.  Ni siquiera a uno mismo.

La auto-importancia es la suma que auna todas la estupideces que pueden llenar la cabeza de un hombre,  y el camino inversamente proporcional al vacío que conduce al ser que habita en lo màs profundo del corazón.

Y sobre ese camino que no lleva a ninguna  parte, que da vueltas y más vueltas sobre sí mismo, seguimos corriendo unos detrás de otros sin saber de donde venimos ni a donde vamos, sin preguntarnos siquiera si tiene sentido correr.

Pregúntate esto de vez en cuando. ¿Por qué estoy corriendo y hacia donde? ¿Que imagen interna persigo de mí? ¿Quien o qué tironea de los hilos que me mueven? ¿Soy yo el verdadero artífice de lo que pienso, digo o hago? ¿Qué veo en el espejo cuando me levanto, cuando me miro por la calle? ¿Tengo siquiera tiempo para preguntármelo? ¿Mi tiempo, me pertenece? ¿Me pertenezco a mi mismo? ¿Por qué o qué me hace tan importante? ¿Quien realmente soy más allá de la auto-importancia que me doy? ¿Que queda realmente cuando toda esa  imaginería se desvanece? ¿Pierdo el pie? ¿A que tengo miedo? ¿Que pasa si me muero?

Preguntas como estas pueden marcar un antes y un después en tu carrera sin sentido por la supervivencia.  Aprovecha el desfallecimiento que esta lucha sin cuartel causa en el cuerpo y en el alma y háztelas en silencio, a solas contig@ mism@.

Luego vuelve a correr si es lo que hay que hacer. Pero ya no correrás de la misma manera. Algo habrá cambiado en tu ritmo. Cierta cualidad de testigo, de observador se habrá levantado. Deja que esta cualidad vaya ocupando espacio poco a poco. Se haga cargo de tu tiempo y de lo que haces con él. Coge el extremo del hilo que te ofrece. Porque ese hilo lleva a la salida al laberinto sin fin de la autoimportancia.  Lejos de la muerte sin sentido del minotauro. La que corras lo que corras te alcanzará un día, lo aceptes o no.

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