Jugar nuestras cartas con conciencia

Autor desconocido
                   Autor desconocido

No sólo las palabras se vuelven redundantes, también cierto tipo de sufrimiento subjetivo se convierte en algo inútil e infructífero. El sufrimiento que sólo revierte en sí mismo, que no acaba por abrir una brecha en la burbuja a través de la cual nuestra percepción subjetiva moldea el mundo a su antojo y nos aisla del sufrimiento como condición humana.

¿Qué otro objetivo puede tener el sufrimiento más que acercarnos  a nuestros semejantes? ¿Qué descubrirlo como condición que todos compartimos? ¿Qué otro objetivo más que ser capaz de hacer fructificar la compasión en lo más profundo de nuestro corazón? ¿Una compasión para todos, no enturbiada por el deseo, por las aversiones, por las preferencias o los gustos?

Autor desconocido
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Solo la compasión nos libera del sufrimiento subjetivo y de la palabra que se ceba una y otra vez en él. De ese tipo de pensamiento que solo da vueltas y más vueltas en torno a sí mismo. No se trata de jugar a superhéroe. De convertirse en ningún redentor, sino de acercarse a otro ser humano de igual a igual, desde la condición que nos iguala a todos. No se trata de soñar con ningún otro mundo, sino de despertar completamente a este.  Y en este mundo, cada uno tiene sus cartas, y no puede elegir otras o pretender que tiene otras. Pero de lo que haga con esas cartas, dependerá el encontrar un sentido a su destino.

Uno puede jugar sus cartas, que no es otra cosa que sus condicionamientos, sus límites, sus tendencias psicológicas, fisiológicas o perceptivas para sí mismo. O puede jugarlas para encontrar un punto de encuentro y relación con el otro. El dilema no se juega entre el miedo y el amor, como ahora dice todo el mundo, porque el miedo hace parte de nuestro bagaje genético y psico-emocional. El dilema se juega entre el amor y el egoísmo, porque el egoísmo no es algo heredado, sino un aprendizaje que utiliza como base la parte más irracional de nuestras tendencias y nuestro bagaje. El dilema se juega entre el ser puesto al servicio de uno mismo, o puesto al servicio de todos. Un todos sin nombre ni apellido. Sin preferencias ni gustos subjetivos. Aunque se concrete en lo personal, aprendiendo a reconocer y a amar uno a uno, por lo que cada uno es.

Partida de Cartas, de Caravaggio.
       Partida de Cartas, de Caravaggio.

Para cambiar la tendencia egoísta a barrer siempre para nuestro terreno es necesario pasar por un proceso de re-apredizaje que a menudo implica perderlo todo. Y esto nos resulta terriblemente costoso porque nos resistimos a vivir este proceso que se repite muchas veces en nuestra vida con todas nuestras fuerzas. Ser despojado de todo lo que valorábamos y juzgábamos como imprescindible, solo para darnos cuenta de que nunca fue tal cosa. Aquí la función del despojo se une a la función del sufrimiento hasta que este es capaz de crear esa brecha en nuestro psiquismo por la que pueda entrar la luz de la realidad que siempre percibimos de una forma distorsionada al otro lado de la membrana de nuestra burbuja subjetiva.

Astrológicamente este es el camino que se produce en el recorrido de Cáncer a Capricornio. Un abrirse progresivo a la realidad que excluimos de nuestra identidad o identificación psicológica con el fin de que cierto sentido del yo y de la pertenencia pudiera desarrollarse, pero que en cierto momento de nuestro proceso evolutivo se convierte en un movimiento regresivo e inútil, del que es necesario desprenderse.

Saturno devorando a sus hijos, de William Blake.
Saturno devorando a sus hijos, de William Blake.

Carutti dice, y dice muy bien, que la identidad psicológica humana se halla atascada entre los estadios de Cáncer y Leo, incapaz de tener en cuenta otra cosa mas allá de su misma, de superar la autoreferencia, y de integrar la complejidad de un mundo que se abre a la comprensión de que nuestra conciencia es solo relativa e interdependiente a otras formas de conciencia asociadas a percepciones mucho mas evolucionadas que se empiezan a dar en el signo de Virgo. En Virgo surge un tipo de comprensión intelectual de que somos parte de una inmensa matriz o diseño interdependiente. El Libra empieza a darse una vivencia subjetiva de esa experiencia en la que, por primera vez, se ve realmente al otro. En Escorpio hay una profundización existencial en la materia de todo lo que hemos excluido de la identificación de nuestra conciencia, y por eso se hace tan difícil transitar por ahí, porque a la conciencia le resulta un lugar oscuro porque es un lugar inconsciente, en el que nunca ha vivido. En Sagitario hay un tipo de comprensión e integración de los niveles conscientes e inconscientes, contingentes y trascendentes de toda experiencia humana. En Capricornio hay una trascendencia de la naturaleza subjetiva, una vivencia de la naturaleza objetiva de la realidad que nos incluye a todos. En Acuario hay una liberación, por saturación,  de toda orden y jerarquía, y una conexión con poder creativo que surge espontáneamente de la naturaleza vacía de la realidad. Y en Piscis, hay, sencillamente, una disolución de toda identidad que no puede evitar ser absorbida en un tipo de conciencia que podríamos llamar universal o absoluta.

Psicológicamente, hacemos lo posible por adaptarnos y sobrevivir a la exigencia que trae el paso por cada momento de este proceso, por todos y cada uno de los signos, o momentos evolutivos del Mandala Zodiacal. Y para hacerlo, a menudo, nos protegemos del inevitable paso al siguiente estadio del despojo, y eso nos hace sufrir inútilmente. La compasión, como fruto de la apertura a la condición de sufrimiento humana,  puede llegar en cualquiera de estos momentos, pero sólo se solidifica cuando nuestra conciencia no es capaz de mantener por más tiempo su identidad individual, y por tanto, de sostener más estrategias para sobrevivir como identidad separada, aislada del sufrimiento o felicidad de sus semejantes. Aunque la compasión no es un atributo exclusivo de Piscis, si se corresponde con el momento en el que la conciencia individual ha completado su función.

Soldado consolando a otro en la guerra de Corea, autor desconocido.
Soldado consolando a otro en la guerra de Corea, autor desconocido.

Entender profundamente el Zodiaco como organismo vivo, o el I-ching, o cualquiera de las representaciones del diseño de la conciencia humana, significa abrirse a un viaje inevitable en el que la conciencia de la  humanidad ha de transmutar en rendición y apertura su aprendizaje basado en la satisfacción de sus tendencias egoístas, y hacerlo siendo consciente de que vamos a sufrir por el camino, mientras nos resistamos a la naturaleza misma de este viaje, que nos exige prepararnos para atravesar mutaciones y transformaciones cíclicas y constantes.

Atrincherarse en nuestras burbujas de percepción subjetiva, construirse un bunker material o psicológico y aislarse en lo más hondo de nuestro psiquismo no nos servirá de nada. Tampoco sirve arrojarse a un falso encuentro, en realidad refugio, con el otro, como prolongación o sucedáneo de nuestras propias necesidades de amor y autoestima. Nuestras cartas ya están echadas, siempre han estado sobre la mesa y no podemos cambiarlas por las de ningún otro. Son, por así decirlo, insustituibles. Lo único que podemos hacer es tomar la decisión de jugarlas de otra manera.  De poner los atributos de los planetas personales, y la influencia de las fuerzas transpersonales al servicio de una conciencia colectiva, o como dice Carutti, de una inteligencia planetaria que constituye, aquí y ahora, la  única forma en la que el ser humano, no solo como especie, sino como conciencia, puede sobrevivirse a sí mismo. Es decir,  sea capaz de descubrir, experimentar y expresar lo que realmente es, y crear, desde allí, un mundo en el que no sea necesario seguir sufriendo para llegar a la verdad de lo que somos realmente (…)

*Extraído de un libro en preparación, todos los derechos reservados.

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