Identidad Sexual Vs Identidad de Género

El conflicto entre la identidad sexual e identidad de género gira en torno al debate entre lo innato y adquirido o naturaleza versus educación,  que ha polarizado siempre modelos filosóficos,  psicológicos y sexológicos en uno u otro sentido:

“El concepto de Género fue acuñado en 1955  por el psicólogo neozelandés John Money para distinguir la feminidad y la masculinidad, como concepto socio-cultural,  de identidad del sexo biológico, es decir de las características fisiológicas y sexuales que diferencian al macho de la hembra. En este sentido, puso una semilla nueva de investigación que encontró un campo fértil y maduro en el movimiento feminista y en otros investigadores centrados en la influencia del ambiente: sociólogos, antropólogos y otros que luchaban para superar los argumentos tradicionales más esencialistas que apelaban a las diferencias del sexo biológico para mantener el predominio de lo masculino sobre lo femenino.

Money diferenció posteriormente la identidad de género de la función de género. Identidad de género significa la percepción total del individuo acerca de su propio género, incluyendo una identidad básica como hombre o mujer, chico o chica. Función de género, sin embargo, significaba el género tal y como es percibido por los otros, por la sociedad o el colectivo.  Para Money tanto la identidad de género como la función de género no sólo eran interdependientes sino que eran construidos en el proceso de socialización. La función de género, que llega al individuo a través de las características morales, las creencias, los prejuicios y las normas sociales de cualquier sociedad, influía inevitablemente en la construcción de la identidad de Genero. A su ves la identidad de género de un determinado individuo reforzaba o cuestionaba la función de género asignada socio-culturalmente a él.

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El Dr John Money, psicólogo constructivista neozelandés, pionero en la ideología del Género y tristemente célebre por el controvertido caso del experimento de cambio de identidad de David (Brenda) Reimer.

Money pensaba que el término Sexo debería usarse siempre con un criterio calificativo dependiendo de la característica a la que alude, como el sexo genético, hormonal, gonadal o genital externo. Para él no había nada como un sexo genético, mientras que la palabra género era mucho más inclusiva, ya que incluía criterios somáticos tanto como de conducta, como si alguien resulta mas masculino o femenino con las mismas características sexuales, como se comporta personal o socialmente, o como es considerado legalmente. En este sentido, Money fue poco menos que un visionario, porque sin la aportación el género como concepto y de los estudios que impulsó en el área social, educativa y otras nunca podría haberse abogado de manera cabal y completa la incongruencia entre el sexo biológico o identidad sexual y la identidad de género de una persona que sexualmente es considerada un hombre y se siente una mujer y viceversa.

Aunque la mayor parte de las personas son de género y sexo congruente, hay una minoría representada por un 10 o 15% de la población representada por colectivos intersexuales, transexuales o travestis dónde no se produce esta conformidad. Los criterios de no conformidad con las expectativas sociales en torno a la sexualidad varían en distinto grado. El área principal y más numerosa de personas que se apartan de estas expectativas viene definida por la orientación sexual, en el sentido de que son personas homosexuales o bisexuales que se sienten atraídas por personas de su mismo o ambos sexo. El segundo área mas importante es el colectivo de personas que representan su disconformidad de género en el área de la vestimenta y no en todas las ocasiones y momentos como es el caso de los travestis o cross-dressers. El colectivo más minoritario y más transgresor respecto a las expectativas sociales es el de las personas que se sienten y buscan su identidad total como miembros del sexo opuesto, es decir, los transexuales.

Aunque existe la teoría de que tanto las variaciones en la orientación sexual, es decir,  la homosexualidad y la bisexualidad, como las variaciones en la identidad de género no congruente con la identidad sexual, representadas por los colectivos transgénero y travestis, provienen de un género cruzado que no es ni enteramente masculino ni femenino, muchos homosexuales parecen refutar esta teoría, por lo que técnica y legítimamente sólo podemos incluir estos dos últimos colectivos,  que son los que se definen a sí mismos conforme a su propia identidad y función de género, aunque esta  identidad y función se defina y se refuerce sólo dentro de las fronteras del propio colectivo y en oposición a las corrientes dominantes. Estos dos últimos colectivos que no representan un esencialismo sexual dimórfico, no son representados ni por la identidad sexual de macho o hembra ni por la identidad de género masculina o femenina, sino por una identidad cruzada y compleja que para nuestra mentalidad acostumbrada a poralizarse en los extremos para poder conceptualizar el mundo, no es tan fácil de definir.

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Christine (antes George) Jorgensen, fue el primer caso mediático de reasignación de sexo que sacó de la marginalidad y el anonimato al fenómeno transexual.  A los pocos años de su caso miles de personas en todo el mundo solicitaban ya una Cirugía de Reasignación Sexual (CRS)

Sin embargo, lo más paradójico del asunto de la identidad de género aparece cuando se pregunta,  tanto a estos colectivos,  como a los homosexuales o bisexuales sobre la  supuesta etiología de su identidad u orientación sexual.  Ante esta pregunta,  la mayor parte prefieren aludir a causas innatas y genéticas, es decir naturales, antes que a sociales y adquiridas, es decir,  ambientales y educacionales. A excepción de algunos casos de algunos colectivos de lesbianas que postulan la bisexualidad potencial o negada de todas las mujeres, y que parecen haber optado por una homosexualidad elegida,  y de la mayor parte de casos de travestismo, que ejercen un cambio de identidad no definitivo, voluntario y opcional, casi todos los colectivos homosexuales abogan por una homosexualidad innata antes que aprendida. Es decir, abogan en la mayor parte de los casos haber nacido y no haberse hecho así, aunque algunos contemplen también la influencia que sobre ellos tuvo su ambiente.

De aquí se deduce que la cuestión del género parece haber sido crucial para abrir el debate de la identidad como presión cultural, es decir, de que existe en muchos casos una identidad  sexual ficticia creada precisamente por la función de género, pero no fundamental ni decisoria para que ningún hombre o mujer, independientemente de su identidad sexual y de su congruencia o incongruencia con su identidad de género,  atribuya la plena construcción de su identidad  al ambiente y al proceso de aprendizaje.

Antes bien, parece que existe una predisposición natural que depende del ambiente para reforzarse o reprimirse, pero que terminará por abrirse camino a la hora de expresarse en una identidad que sea congruente a la naturaleza psicológica de una persona. Estaríamos hablando entonces no de una identidad sexual ni de una identidad de género, sino de una identidad psico- sexual más grande,  que de alguna forma  incluye y es la confluencia de estas, determinada tanto por las diferenciaciones sexuales fisiológicas y del cerebro como por las influencias ambientales sobre ellas (…..).

(….) A día de hoy se sigue investigando para determinar el grado y el alcance de la influencia genética sobre las funciones de género. Al hecho de la incógnita de la determinación genética hay que sumar el hecho de la influencia hormonal a la hora de decidir el sexo y las características sexuales de un individuo. Los científicos comprobaron que aun cuando un embrión presenta un modelo cromosómico normal, esto es XX o XY, pueden ocurrir desajustes hormonales que cambien el desarrollo sexual en el útero. Si el niño es varón,  los testículos empiezan a desarrollarse sobre la 6ª semana. Si es hembra,  los ovarios empiezan a desarrollarse sobre la 12ª semana. Cualquier desajuste hormonal que ocurra entre estos intervalos, es decir, en las fases más críticas del desarrollo sexual, puede originar cambios en las características sexuales del individuo. Los experimentos con animales han demostrado que si las gónadas embrionales se  extirpan antes de la completa formación de la anatomía sexual, el embrión se desarrolla como hembra independientemente de su sexo cromosómico.

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La modelo Hanne Gaby Odiele,  se ha convertido en un icono de la cultura intersex cuando reveló la afección cromosómica (Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos) que provocó su intersexualidad

Esto apunta a dos conclusiones: la primera es que el desarrollo normal del feto humano tiende hacia lo femenino y que para que resulte masculino es necesario agregar algo. La segunda es obvia:  la diferenciación sexual depende por completo de las hormonas sexuales que se secretan en las gónadas. Parece ser que los dos factores cruciales en esta diferenciación son la secreción de la hormona inhibidora mulleriana y la testosterona en los testículos del embrión que se está formando. Cualquier alteración a este respecto puede hacer que el embrión masculino se desarrolle con características sexuales  parciales femeninas e incluso mixtas. El caso contrario, en el caso de un embrión genéticamente femenino XX, parece ser que si sufre un pico de testosterona en sangre durante un periodo crítico del desarrollo, la niña adquirirá características sexuales masculinas o mixtas, presentando desde un clítoris excesivamente grande a,  en casos menos comunes,  un pene normal pero con el escroto vacío. Tal masculinización puede ocurrir a través de una función anormal de la corteza suprarrenal, o también si la madre embarazada tiene un tumor u otra condición que le haga producir hormonas sexuales masculinas en exceso. Otros casos documentados fueron el consumo de progesterona y otras hormonas durante el embarazo artificial que condujo a la masculinización de los fetos.

Dado que,  a nivel embrional, los órganos externos son la última etapa del desarrollo sexual,  no es poco común, en algunos casos de un desarrollo embrional interrumpido, que los genitales externos no tengan un desarrollo completo o sean plenamente masculinos o femeninos. En los casos de niños hermafroditas, con órganos sexuales mixtos o difíciles de diferenciar, la asignación del sexo del individuo ha dependido de las creencias socio-culturales, habiendo una tendencia a asignar el sexo masculino en la mayor parte de las culturas, causando un trauma psicológico considerable cuando esos mismos individuos alcanzaban la pubertad. Así por ejemplo, en Egipto, un país que da más relevancia al sexo varón, muchos “niños” hermafroditas sufrieron un gran shock cuando durante su pubertad cuando empezaron a menstruar (….)

(…..) El fenómeno del transexualismo abrió un debate igual de polémico que el abierto por el hermafroditismo, hoy comúnmente llamado inter-sex. Los transexuales son, por definición, individuos que aunque presentan todas las características sexuales diferenciadas de un hombre o una mujer, psicológicamente se sienten completamente identificados con las características sexuales y psicológicas del otro sexo. Es decir, mientras que los hermafroditas o inter-sex pueden aducir una incongruencia genética u hormonal entre su sexo biológico y su sexo asignado, pudiendo en algunos casos mostrar deseos de identificarse con las cualidades del sexo contrario al asignado y mostrar también características de transexualidad, los transexuales no tienen ninguna base supuestamente genética u hormonal para este deseo. Esto hizo que el transexualismo, junto con el travestismo, aunque en menor grado,  se viera desde el principio como una patología no sexual sino psiquiátrica, y como tal era tratado dentro de la comunidad médica, posición que afortunadamente ya ha sido superada.

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Etapas de Diferenciación sexual. Diversos trastornos o alteraciones o alteraciones cromosómicas u hormonales en cada una de ellas puede producir diversas formas de intersexualidad, transexualidad e incluso las tendencias innatas que influirán en  la orientación sexual.

El estudio de la influencia de las hormonas sexuales,  no sólo durante el desarrollo en la infancia y en la adolescencia, sino en el ámbito prenatal, en especial sobre las estructuras dimórficas del cerebro, volvió  el tema del género aun si cabe más complejo. Así por ejemplo, ya ha sido demostrado que la progesterona contrarresta el efecto de los andrógenos y protege por lo tanto al cerebro del feto femenino de su influencia masculinizadora. Así mismo,  los andrógenos se convierten en un compuesto estrógeno para ejercer sus efectos masculinizadores sobre las células deseadas. Las respuestas hormonales gonadales y adrenales son controladas por la glándula pituitaria, que a su vez es controlada por el hipotálamo. El cerebro mismo posee estructuras dimórficas muy plásticas e influenciables, por lo que puede ser alterado por las influencias  hormonales, especialmente durante el periodo de gestación cuando el tejido neuronal se está desarrollando. Una investigación clave en este campo son los estudios de Money con niños con hiperplasia adrenal congénita. Investigadores especializados en esta área informan que las niñas nacidas con este síndrome son diferentes de sus hermanas y otros controles en lo que se identifican mas con juegos rudos y masculinos y son identificadas por ellas y por otros chicos como las típicas chicas marimacho, demostrando poco o nulo interés por los juegos de niñas y por los juegos que emulan roles de esposa y de madre. Los niños que presentaban hormonas masculinas extras antes del nacimiento se inclinaban hacia actividades deportivas extremas y manifestaban cierta tendencia a la agresividad, la lucha y la competencia. Estos estudios llevaron a la conclusión de que las vías neurales también eran muy influenciadas por las hormonas en el periodo pre y post natal (……).

(….) Una de las diferencias más notables al respecto de la identidad y el comportamiento masculino o femenino parece ser la agresividad, que ha establecido una de las principales características de identidad y función de género tanto de hombres como de mujeres, haciendo que históricamente el género masculino se haya visto como dominante y  superior y el femenino como género subordinado e inferior. Este es el componente biológico de la composición masculina que ha llevado a muchas feministas a argumentar, erróneamente según Burrough, que el concepto entero de las influencias biológicas es una construcción social hecha para servir a los hombres. Es indudable que algunos aspectos de la hipermasculinidad son socialmente discutibles, pero no se puede negar que la agresividad tiene un componente biológico más que social, aunque se haya visto reforzado por el comportamiento y la función de género masculina a lo largo de la historia.

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Diversos estudios han corroborado que existe no sólo un dimorfismo sexual en áreas muy localizadas del cerebro como la amígdala y el hipotálamo, sino que existen similitudes entre las mujeres heterosexuales y los hombres homosexuales, y las mujeres homosexuales y los hombres heterosexuales. Esta línea de investigación viene a cuestionar el apostolado constructivista sociocultural de los que defienden la identidad de género.

La hipótesis de la diferenciación sexual de las estructuras neurales y de ciertas partes del hipotálamo y de la tendencia a una mayor o menor identificación con comportamientos agresivos y/o histórica y socialmente masculinos, apunta a que tanto la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, el transexualismo y el travestismo están todos influidos por factores biológicos (….).  La luz que parecen arrojar estos datos es que hay una evidencia científica sólida acumulada al respecto de la influencia de la biología y, en especial, de las hormonas, sobre la orientación sexual y la identidad de género cruzado, aunque esta evidencia no elimina los factores sociopsicológicos o culturales (….).

(….)  Actualmente y desde los últimos años, el enfoque más predominante en la cuestión de género es el interaccionista o el de interacción compleja entre estos tres factores: a) la predisposición genética  b) la fisiología c) y el proceso de socialización, que incluye una suma de factores psicológicos, sociológicos y culturales. Hay periodos críticos en el que los factores sociopsicológicos tienen mas influencia, pero por lo general intervienen estos tres factores (…..). En general, hay una variedad observable y extraordinaria en la orientación de género, pero también sigue habiendo una presión compulsiva en ajustar la identidad de género a través de la función de género predominante en cualquier sociedad que tomemos como indicativa. Bonnie Bullough, esposa del investigador sexual Vern L. Bullough, desarrolló una teoría actual e integral para la formación de las identidades de género y las preferencias sexuales, que incluye tres pasos:

  1. Una predisposición genética para una identidad de género cruzado, incluidos altos o bajos niveles de actividad y agresión.
  2. La estimulación hormonal prenatal apoya esa predisposición genética y quizás marca irremediablemente las vías neurales parea que el modelo que produjo la identidad de género cruzado continúe después del nacimiento.
  3. El modelo de socialización configura la manifestación específica de la predisposición.

Esta teoría explica que ciertos niños nacen con una identidad de género que no es específica como un homosexual, un cross-dresser, o un transexual, pero estos modelos son configurados por el proceso de socialización gracias a una relación dialéctica con la tendencia y la predisposición genética y hormonal con la que nace el niño. Así, el proceso de socialización tiene un efecto distinto en niños que tienen una predisposición al género cruzado que sobre niños que tienden a una de las polaridades masculina o femenina. Esta explicación quizás pone más énfasis en las influencias biológicas, pero contempla las influencias y las variables psicológicas, sociales y culturales como un continuo de estas tendencias. Personalmente, nos parece de las más lúcidas sobre este asunto (….).

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Vern Leroy y Bonnie Bullough,  un matrimonio de investigadores sexuales y unos de los mayores expertos en cuestiones de transgénero en la década de los 70 en EEUU.

(….) En conclusión, y retomando mi teoría sobre la existencia de una identidad psico-sexual que aglutinaría las características e influencias del sexo biológico o identidad sexual y de la identidad de género, la Sexualidad, como fenómeno psicológico a la vez que social y biológico, no se reduce al sexo biológico sino que incluye y siempre ha incluido todos los matices que existen entre una identidad masculina y otra femenina. Las mismas consecuencias de esta identidad siempre se han manifestado incluso en el mismo estudio de la sexualidad humana. Es decir, siempre y en todo momento hay una identidad sexual cuestionando la identidad sexual, y por lo tanto influyendo sobre ella, del mismo modo que cualquier observador histórico influye en la observación histórica, por muy neutral que quiera que sea. Las divisiones entre identidad sexual e identidad de género sólo han traído más confusión, porque, en último grado, todos poseemos un sentido de identidad compleja que atraviesa todas las dimensiones del ser humano, desde las biológicas a las psico-sociales.

A nuestro entender,  existe una percepción segmentada y distorsionada  de que podemos poseer una identidad biológica, determinado por un sexo biológico, que sólo nos define como macho y hembra a través de características puramente fisiológicas, sin  improntas y consecuencias psicológicas que vengan simultáneamente con esas características. Pensar esto no sólo significa una falacia,  sino una falta de una verdadera reflexión, y hace parte de la inercia de una visión del universo aun mecanicista. Pensar que sólo a partir de cierto grado de complejidad aparece la conciencia,  y que el sexo genético, las estructuras dimórficas sexuales del cerebro, la variaciones y múltiples combinaciones hormonales no tienen ninguna correspondencia, no vamos a decir causa ni consecuencia, sino correspondencia psicológica,  con la identidad masculina o femenina, resulta un ejercicio de planura intelectual. Como lo es pensar que nuestra identidad psicológica es puramente un producto de la construcción social, y que la identidad de género, o identidad que se define como masculina, femenina, cruzada, mixta o neutra, corresponde sólo al aspecto de la dimensión humana modelada por la educación y el aprendizaje. Es más que evidente que el ambiente participa, en el sentido de refuerzo o rechazo,  en esa construcción o complejización de la identidad, pero la dimensión psicológica de la identidad sexual, o psico-sexual si se quiere,  no viene  sólo desde fuera, sino que es un movimiento que se produce desde dentro. Desde una orden biológica, como tantos estudios han demostrado. Ambos movimientos, de dentro hacia afuera, y de fuera hacia dentro pueden coexistir para construir el entramado de la sexualidad y de la identidad sexual humana (…..).

(…) Una vez aceptada esta realidad, que todo conflicto psico-sexual es identitario y todo conflicto identitario es un conflicto psico-sexual, podríamos entender el alcance de estas implicaciones.  Las aplicaciones serían psicológicas, sociales, culturales, antropológicas, terapéuticas y educativas, pero es imprescindible comprender antes esta noción en apariencia tan compleja pero de realidad tan simple. Esta noción sólo significa que el sexo biológico, la identidad de la psique humana y la  función de la construcción social son interdependientes y simultáneas en un mismo proceso, aunque a veces, y solo aparentemente, un aspecto influya más que el otro.

Por lo tanto no tiene sentido estudiar estos aspectos aisladamente y muchísimo menos que estos compitan unos con otro por el monopolio de la verdad. Si la Sexología es una ciencia biopsicosocial,  es porque existe una identidad biopsicosocial, la Sexualidad, y una sociedad y una cultura biopsicosocial que siempre ha intentado uniformizar y estereotipar modelos, encontrándose siempre como múltiples resistencias. Resistencias que, históricamente, siempre han tenido el propósito, aunque sea inconsciente, de hacernos evolucionar individual y colectivamente (….)”.

Articulo  extraído de los capítulos “La cuestión del Género” y “Ser Sexólogo Hoy”, de mi Tesis: “Competencias y desafíos  de la Sexología: Hacia una Vivencia y Estudio  Integral de la Sexualidad Humana”. Todos los derechos reservados. 

 

 

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