Sobre Cosmos y Psique, de Richard Tarnas

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La Gestalt Arquetípica. Tomo prestado este término de la obra Cosmos y Psique de Richard Tarnas,  antes de terminar por cogerle una manía irreversible. La razón: después de mencionarlo, por activa y por pasiva,  cientos de veces, saltándose todas las normas del uso y del abuso literario (todo un PHD en Filosofía y Psicología, muy al american style),  aun no he entendido que demonios ha querido y quiere decir con eso. Entiendo, o creo entender, bastante lúcidamente, ambos términos por separado, pero juntos, al menos de la forma neptuniana y difusa en la que la emplea Tarnas, no me hacen el más mínimo sentido.

Tengo que  confesar que después del varapalo de tragarme, non stop, un tocho de 700 pags. -(notas aparte)-,  me esperaba mucho más del autor de La Pasión de la Mente Occidental, ese best seller de obligado cumplimiento en la mayor parte de las universidades norteamericanas (no así en las europeas, no se aun la verdad si para bien o para mal). Sea como fuere, no voy a criticar la obra de Tarnas por no ser un astrólogo purista, en eso me cae bien, ni siquiera por ser un investigador ecléctico de cierta área de la Astrología, cosa que me parece no sólo sana sino necesaria. Voy a criticarla por intentar meter en la canasta del concepto de la  Gestalt Arquetípica algo tan complejo como la Astrología, quitando todos los aspectos que no encajan en su visión.

Estoy bastante seguro de que debe haber un nombre psico-patológico para eso: el recortar las piezas del puzzle  o tirar las que no nos gusten para hacerlo encajar en nuestras expectativas, aunque esto suponga hacer otro puzzle que nada tenia que ver con el primero ni con las piezas que había desde el principio. Si sobran pues se tiran, no pasa naaaa…  De algún modo,  es un fenómeno parecido -pero inverso- a la Disonancia Cognitiva, termino psicológico que se refiere a la renuencia a aceptar hechos flagrantes que contradicen inequívocamente nuestro sistema de  creencias, distorsionándolos para que encajen en nuestro avaro y  mezquino mapa mundi de bolsillo, ahora que está de modo llevarlo todo tamaño pocket-mon.

Con Cosmos y Psique pasa al revés. El autor parte ya de una declaración de intenciones subliminal que firman todos los neorománticos que se han empeñado en la misión histórico-arquetípica  de “volver a encantar un mundo desencantado cuya Anima Mundi  fue arrebatada  y pisoteada por el tanque objetivo y empírico de la modernidad primero y por el bulldozer hiperrelativista de la postmodernidad después” para no dejar ni los restos. Estos neo-romáticos arquetipales empezaron a proliferar desde que la Psicología Junguiana se fragmentó en decenas de escuelas post-junguianas y re-post-junguianas, una de las cuales aun es conocida como Psicología Arquetipal, principalmente promovida por el trabajo de James Hillman. Sin conocer el trabajo de Hillman al detalle, conozco lo suficiente como para reconocer en Tarnas el mismo impulso de necesidad de re-encantar el mundo, aunque sea a través de reducciones, omisiones y,  a veces, engaños y trucos simplistas como los que aparecen por doquier en Cosmos y Psique. I´m sorry.

Curiosamente, la única y lúcida crítica a la obra de Tarnas que he encontrado en toda la web (todos los astrólogos que la mencionan se deshacen, incomprensiblemente, en halagos), la firma uno de los mayores conocedores de la obra de Jung en España, el difunto Enrique Esquinazi, que a su vez es, a lo que sé, un gran conocedor y el primer divulgador de la obra del único analista junguiano que ha dicho algo nuevo de Jung desde Jung: Wolfgang Giegerich. La crítica que hace Esquinazi  (ver aquí: http://enrique-eskenazi.blogspot.com/2008/07/cosmos-y-psique-una-crtica.html ) apunta también en este doble sentido: la trampa arquetípica en la que caen los re-encantadores del mundo (incluyendo por supuesto a Hillman) y ese extraño fenómeno de seleccionar hechos  y vidas históricos ignorando otros, para demostrar que el patrón de la denostada Gestalt Arquetípica funciona.

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James Hillman y Wolfgang Giegerich

Creo no pasarme de rosca ni un poco al decir que más del 80% de los astrólogos caen en esta fácil tentación a la hora de querer justificar la validez de la Astrología. Sencillamente la Astrología funciona con demasiados vectores y factores como para no encontrar siempre alguna sincronía, sobre todo si la estoy buscando a priori en unos hechos y una vida ya concluidos, es decir, que puedo leer, moldear e interpretar a  posteriori. Y nada más fácil que encontrar estas coincidencias en retrospectiva, cuando puedo hacer coincidir tal configuración planetaria o tal ciclo planetario o tal tránsito con la vida y acontecimientos del personaje y/ del acontecimiento histórico en cuestión. Es demasiado fácil y por eso, ningún astrólogo riguroso debería incurrir en esa receta de andar por casa. Una de las críticas más severas y más comprensibles de las ciencias formales a la Astrologia se basa en las miles de interpretaciones hechas a posteriori sobre vidas y hechos conocidos,  dónde cada cual ve lo que quiere ver y no otra cosa, y en las que, para más inri, cada una de ellas señala hacia una parte diferente del Elefante. A eso en mi pueblo se le llama Proyección. Y es, mal me pese,  pandémica en la práctica astrológica.

Básicamente,  la obra de Tarnas es un intento bastante loable de hacer  llegar y entender al gran público lego en materia de Astrología -(estadounidense en su mayoría, porque por aquí, aunque no sepamos de nada,  somos algo más críticos, siempre que no seamos astrólogos arquetipales, es decir, psicológicos)- el fenómeno de la Sincronicidad junguiana, desde una perspectiva astrológico-histórica, o como él lo llamaría, histórico-gesltáltica-arquetípica. Para eso,  hace uso de lo que en Astrología Clásica siempre se ha conocido  como Ciclos Planetarios y los Aspectos Mayores que los planetas de más peso (es decir, los exteriores, a partir de Júpiter) hacen entre sí. Pero Tarnas derrapa ya desde el principio por unas cuantas razones más de las que tan agudamente señala Esquenazi. El motivo de escribir este artículo es exponer estas razones en orden a rescatar a la Astrología de la moda arquetipal o psicológica en la que esta cayendo, en caída libre, desde hace ya tiempo, sin ninguna dirección mas que la auto-justificación de sí misma.  Lo haré enumeradamente, resumiéndolas lo más posible:

1. Tarnas mezcla indiscriminadamente tres ámbitos distintos de interpretación, cada uno de los cuales tiene sus propias leyes de significación y competencia: Los Ciclos Planetarios que se utiliza para la Astrología Mundial,  las Cartas Natales y los Tránsitos Personales de la carta de un individuo, sin tener en cuenta si los Ciclos Planetarios son congruentes con los Tránsitos Personales o si afectan a los planetas personales (especialmente al Sol,  a la Luna o al regente del Ascendente). De hecho utiliza unos  y otros (Ciclos, Tránsitos o Aspectos de la Carta Natal) según le conviene para refutar sus teorías y expectativas, esas que dice que no tiene y que al final refuta por arte de magia, pidiendo como buen mago, aunque no sea explícitamente, un acto de fe, es decir, de encantamiento. Y ciertamente la volubilidad de nuestra psique parece tentada a sucumbir a semejante hipnosis que ofrece, al menos, cierto sentido, aunque no se haya filtrado por los hechos que Tarnas ignora y oculta a sus lectores, para amortiguar en algo el desencadenamiento de un mundo demasiado fragmentado, separado, materialista.

2. Tarnas tiene un enfoque estrictamente planetario, es decir, arquetípico en lo que toca a la simbología de los planetas y a la mitología de la que derivan, desvinculado de los signos y el sistema de casas, como si esto fuera de algún modo posible en la práctica astrológica. La práctica astrológica va de inclusión y vincularidad, no de exclusión para poder entender algo como si pudiera estar separado de otra cosa o ser la causa unívoca  o inequívoca de un acontecimiento.  No tiene en cuenta los signos en los que tienen lugar los Ciclos Planetarios o los Tránsitos personales en una Carta Natal. Ni por supuesto las cartas natales de los países involucrados en sus exámenes históricos, ni los signos dónde le caen los Tránsitos ni muchísimo menos el sistema de casas. Habría que escribir un libro de 7000 pgs, no de 700,  para eso. Todo esto resulta comprensible pero segmentado. Y eso no le hace ningún favor a la práctica rigurosa de una ciencia que intenta ahora recuperar su credibilidad, a golpe de efecto.

3. Tarnas habla de un factor sincrónico de manifestación y la expresión de los Ciclos Planetarios en varios hechos históricos coincidentes  en el tiempo,  pero en muy distintos lugares (coincidiendo con  la significación junguiana de la Sincronicidad) y de un factor diacrónico (o sucedente)  que implica el despliegue y la evolución de la manifestación de un arquetipo planetario a lo largo de sus distintos ciclos. Asi todo Ciclo Planetario, por ejemplo, el Ciclo Urano-Plutón,  se manifiesta sincrónicamente en el espacio, es decir, en un mismo momento y en muchos lugares a la vez,   y diacrónicamente en el tiempo a lo largo de sus sucesivos aspectos y repeticiones.

4. Tanto para el factor sincrónico como el factor diacrónico,  Tarnas utiliza un orbe  (distancia en grados entre dos o más planetas próximos) demasiado amplio (a partir de 20º), lo cual representa 2/3 partes de los grados (30º) de un signo. Esto puede ser controvertido y discutible para los orbes que nos hablan de los Ciclos Planetarios Mundiales, pero no puede mantenerse un orbe así para el caso de las cartas individuales. Por razones de espacio no puedo exponer todos los errores de interpretación en los que Tarnas cae cuando pone cartas personales de individuos como ejemplo,  porque, sencillamente, son demasiados. Baste,  por citar alguna,  la carta natal de Nietzsche en la que Tarnas pone como ejemplo del ciclo de exaltación creativa de Júpiter-Urano. Aunque le da la relevancia que merece a su Oposición exacta Sol-Plutón, al ser este el regente de su Ascendente Escorpio, se inventa de la nada una T Cuadrada con Saturno aspectando a Urano y Plutón, al utilizar los mismos orbes amplios (de 15 a 20º) que usa en los Ciclos Planetarios Lentos y en los Transitos Mundiales. Licencias como esta,  que están por todas partes , terminan por empañar el libro de una dudosa credibilidad. 

5. Poniendo aparte la significación que atribuye a los distintos arquetipos planetarios, por ejemplo, igualar Plutón a lo Dionisiaco,   Urano a lo Prometeico,  Neptuno al impulso imaginativo y/o Espiritual, o Saturno a lo Contractivo y Restrictivo,  cuando su significación en mucho más compleja, Tarnas basa su trabajo en Cuatro de los Diez Ciclos Planetarios Lentos más importantes, ignorando casi sistemáticamente los otros Seis.  Tarnas utiliza los Ciclos más fáciles de interpretar históricamente: Urano-Plutón / Saturno-Plutón/ Júpiter-Urano/ Urano-Neptuno. De los seis que quedan, dedica algunas páginas al ciclo Neptuno-Plutón (extremadamente largo) y a Saturno-Neptuno (extremadamente complejo),  pero no menciona nada de los otros cuatro: Saturno-Urano/ Júpiter-Saturno / Júpiter-Neptuno / Júpiter-Plutón.

6. La cosa se complica si tenemos en cuenta que Tarnas mezcla indiscriminadamente los Ciclos Planetarios (o Tránsitos Mundiales) con los Tránsitos Personales. Como hemos dicho antes,  en algunos ejemplos utiliza los primeros y en otros los segundos,  o los mezcla según le conviene. Lo que pasa es que,  si intentamos llevar la dinámica de los Ciclos Planetarios Lentos al área de una vida individual,  tenemos que añadir los Tránsitos Dobles, es decir, los aspectos que hace un planeta lento consigo mismo en la carta natal de una persona: Plutón-Plutón/ Neptuno-Neptuno/ Urano-Urano/ Saturno-Saturno/ Júpiter-Júpiter. Por si esto no fuera poco, en el caso de una carta natal, todos los tránsitos de los Ciclos Planetarios habrá que multiplicarlos por dos, porque habrá siempre dos planetas en juego: el natal y el que está transitando. Por ejemplo,  en una carta natal hablaremos de dos tipos de Ciclo Urano-Plutón: Urano en Tránsito sobre mi Plutón Natal y Plutón en Tránsito sobre mi Urano Natal. Y así con todos los planetas lentos y/o rápidos. A lo largo del libro parece que Tarnas ignora este hecho que sabe cualquier astrólogo y que se habría ahorrado si no hubiera mezclado indiscrimindamente los acontecimientos colectivos con las dinámicas individuales mucho más complejas de una carta natal.

7. Como ejemplo y para que conste, poco antes de terminar el libro,  hice unos sencillos cálculos matemáticos porque quería averiguar cuantos Ciclos Planetarios Lentos importantes y cuantos Tránsitos correspondientes a esos Ciclos Planetarios se repetían  en un periodo de tiempo semejante a la vida de un individuo. Lo hice  teniendo en cuenta sólo y exclusivamente a los planetas lentos a partir de Júpiter y sólo teniendo en cuenta los cuatro tipos de aspectos duros que incluye Tarnas en su libro: la conjunción, la oposición y las dos cuadraturas en medio de ellos, obviando los aspectos armónicos y neutros (trígonos,  sextiles, quincucios, etc).

El resultado no dejó de sorprenderme. Para un periodo histórico de 84 años, casi un siglo, que es lo que dura una vuelta entera de Urano, o el retorno de Urano, encontré que se dan aproximadamente 213 aspectos (conjunción, oposición o cuadraturas) que involucran los Diez Ciclos Planetarios lentos antes mencionados. Es decir, que en un periodo de casi un siglo, se daban prácticamente 3 Aspectos relevantes y/o muy relevantes por año, o si se quiere, 1 cada 4 meses.

Para la vida de un individuo, la ecuación se vuelve más compleja al incluir no sólo los Tránsitos Dobles de un planeta sobre sí mismo, sino al tener que multiplicar por dos todos los aspectos de los Ciclos Planetarios lentos al tener en cuenta tanto los planetas natales como los planetas en tránsito. El resultado para una vida humana media actual, es decir, de 84 años, aunque ya sabemos que la esperanza media de vida antes del S. XX era como mucho de la mitad incluso en el mundo civilizado, daba 213 aspectos x 2= 426 aspectos (conjunción, oposición y cuadraturas) que involucran los Diez Ciclos Planetarios Lentos antes mencionados más casi 80  Ciclos de los Planetas Lentos sobre sí mismos.

Es decir, y para que me entienda alguien que no sabe ni papa de Astrología, que durante tu vida, si es que llegas a 84 años, pasarás más de 500 Tránsitos sólo de los aspectos duros (conjunción, oposición y cuadraturas) de los Planetas Lentos a partir de Júpiter. 6 aspectos relevantes o muy relevantes por año. 1 cada dos meses.   Si esto es cierto, estaríamos siempre en crisis, lo sepamos o no.

Para quien piense que me saco estos datos de la nada aquí va el siguiente gráfico hecho en casa dónde se muestran los principales Ciclos Planetarios Lentos en sus cuatros aspectos duros (conjunción, oposición y cuadraturas), ciclos de años en los que se repiten, y por último,  número de veces ( en rojo) que se dan en una vida humana media de 84 años.  Una vez entendido esto, no será difícil imaginar cuantos Tránsitos más nos afectan si tenemos en cuenta los aspectos de Los Planetas lentos (Jupiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón) sobre los rápidos (Sol, Luna, Mercurio, Marte y Venus). La ecuación aumentaría en ese caso a unos cuantos miles de Tránsitos tanto para un periodo histórico como para una vida humana de 84 años de media.

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Grafico: Para los Transitos Transpersonales (1a columna) que involucran a Plutón, Neptuno y Urano he obviado la conjunción de estos tres planetas que dio inicio a la Era Axial, así como todos los aspectos de  Plutón-Neptuno por superar con creces los 84 años de media, a pesar de que muchos individuos nacieron (por ejemplo en el periodo entre 1890-1892 que fue su última conjunción exacta) durante estos aspectos. Del mismo modo he obviado la  conjunción Urano-Neptuno, por darse cada 172 años a pesar de que muchos individuos nacieron con esta configuración en el periodo entre 1990-1992 y la conjunción Urano-Pluton que se da cada 127 años, a pesar de que esa conjunción se dio de forma exacta entre los años 1965-1967. Para los demás Tránsitos he contabilizado en rojo todas las conjunciones, oposiciones y cuadraturas que se dan durante un periodo de 84 años= un Ciclo entero de Urano. Para los Ciclos Planetarios Lentos Mundiales dan una media total de 6 Tránsitos de los Planetas Transpersonales entre sí (Plutón, Neptuno y Urano), 44 Transitos de los Planetras Trasnspersonales  con Saturno (2ª columna) , 135 Tránsitos de los Planetas Transpersonales con Júpiter (3a columna) y 28 Tránsitos de Júpiter con Saturno (abajo, entre la 2ª y la 3ª columna).  En total se contabilizan de media 213 Tránsitos de los Planetas Lentos para un periodo histórico de 84 años. Estos 213 Tránsitos no incluyen los aspectos triples que muchas veces se dan entre tres de estos cinco planetas. Teniendo en cuenta sólo estos 213 Tránsitos, si los dividimos por el mismo periodo de 84 años nos da una media de 2.53 Tránsitos relevantes o muy relevantes por año.
Para calcular los Tránsitos que afectan a un individuo en el mismo periodo de 84 años he tenido que incluir los Transitos Dobles (4ª columna) que los cinco planetas lentos involucrados hace con ellos mismos, así como multiplicar los 213 Tránsitos anteriores x 2  (426) al incluir cualquier carta natal dos planetas de la misma clase: el natal y el que está en tránsito. Por la misma razón que he dado al principio,  he excluido  de los Transitos Dobles la conjunción (cada 248 años) y la oposición (cada 124 años) Plutón-Plutón, y la conjunción Neptuno-Neptuno (cada 164 años), al exceder estos tres parámetros el periodo de 84 años. Los demás Tránsitos están marcados en rojo, sumando 79 Tránsitos para un periodo vital de 84 años, casi un tránsito por años. Estos 79 Tránsitos hay que sumarlos a los 426 anteriores (213 x2) dando como resultado 505 Transitos de los Planetas Lentos para un periodo vital de 84 años.  Estos 505 Tránsitos no incluyen los aspectos triples que a veces se dan entre tres estos cinco planetas. Teniendo en cuenta solo estos 505 Tránsitos , si los dividimos por el mismo periodo de 84 años nos da una media de 6 Transitos relevantes por año. Uno cada dos meses. Casi uno por estación. 

Visto el gráfico, llega la hora de las conclusiones. ¿Que significa esto? Desde mi óptica tiene varias interpretaciones. Para explicarlas nada más fácil que poner una imagen. Imagínate que cada Tránsito Mundial o personal entre dos o más Planetas Lentos es como una piedra que arroja un niño al agua y crea varios círculos concéntricos.  Cuanto mas lento es el planeta más largo e importante es el Transito, es decir, más pesa la piedra y más círculos crea. El factor sincrónico del que habla Tarnas es el hecho de que varios niños arrojan el mismo tipo de piedra a la vez en el agua de la psique colectiva, es decir,  en distintos lugares del mundo. El factor diacrónico serian los efectos de los mismos círculos concéntricos interactuando con otros y entre sí.

Pero hay otro factor, el factor de convergencia, en el que varios niños arrojan distintos tipos de piedras (en tamaño y en peso), una detrás de otra, en el mismo agua  y en el mismo sitio, haciendo que los círculos concéntricos se mezclen y se superpongan. Tarnas tiene al menos la humildad de reconocer que no hay un s´plo periodo histórico o individual que se vea afectado sólo por un Ciclo o Tránsito planetario. Reconoce que a menudo se interpenetran dos o más, incluyendo las características y las contradicciones de todos los planetas implicados. Pero si hay que ser suficientemente humilde,  hay que reconocer también que tanto en el mundo externo como en el agua de nuestra psique (individual y colectiva) estos círculos concéntricos están convergiendo, superponiéndose y mezclándose continuamente, de modo que es científicamente imposible decir y señalar a que Ciclo, Tránsito y Aspecto se debe un acontecimiento histórico y/ o personal. Se debe a la convergencia de todos ellos de una forma tan imbricada y compleja que si los astrólogos lo admitiéramos nos quedaríamos sin trabajo,  porque la única respuesta honesta cuando nos preguntaran por qué me ha pasado esto o qué es lo que me va a pasar, seria un sencillo: “No sé, hay demasiados factores implicados”.

Demasiados sin duda para dar recetas astrológicas fáciles para etiquetar un periodo histórico o personal,  y demasiadas sin duda para escribir un libro de 700 pags. que sólo da vueltas y más vueltas sobre cuatro, a lo sumo seis,  de los cientos de Ciclos y Aspectos Planetarios que se dan a nivel colectivo e individual en el pequeño margen de 84 años.

Mi conclusión es sencilla. Que una vida humana o un periodo histórico de casi un siglo de duración incluya miles de tránsitos significativos y todas sus  influencias e interacciones, tan complejas que son imposibles de analizar, cuantificar y de medir, significa sencillamente que sobre todos estos factores  y vectores dominan otro factor y otro vector. El factor se llama conciencia y el vector que emerge de ella se llama libertad (o para ponernos cursis, emergencia creativa). Conciencia no tanto de todas estas cosas, de las que ni los astrólogos mismos podemos ser conscientes, sino de,  más bien, la imposibilidad de saber a ciencia cierta el grado de complejidad con el que está constituida la trama de la existencia.

La Trama es como la llaman en la Tradición Tántrica, porque Tantra significa Trama, Red, Continuidad de la Energia sin principio ni fin. Conciencia de ser parte de esa Trama y a la vez ser un elemento nuevo y emergente cuya finalidad es enriquecer de una manera inclasificable un proceso creativo imposible de mapear, de constreñir en ningún tipo de mapa, ni astrológico ni de ningún tipo. Aunque los mapas ayudan a saber que no estamos perdidos y atrapados en una aventura aislada, narcisista y egocéntrica. Si hacen esto, ya habrán hecho más que suficiente.

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