¿Qué me pasa doctor Amor?

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Siempre he creído que,  para criticar cualquier cosa,  uno tiene que hablar con un mínimo de, mejor mucho, conocimiento de causa. Supongo que los 4 o 5 años que llevo ejerciendo como astrólogo serán pocos comparado con qué o quien, pero para mí son más que suficientes,  porque en todos los años de práctica he sostenido, también, una investigación paralela y  autocrítica debido a los puntos que no me convencían ni me siguen por convencer. Está será probablemente mi última crítica a la Astrología antes de dejar de ejercerla de forma aislada, con todo el abismo y la incertidumbre que tal decisión conlleva.

La principal falla que encuentro en la Astrología es la arbitrariedad  y la falta de criterio objetivo en la interpretación de los contenidos. Falta, no tiene, al contrario que otros mapas como el cabalístico, o el hermético, una Teleología ni una Ontología implícitas. Un orden de actuación consensuado y objetivo. Te arroja, así de sopetón, a un mar de fuerzas arquetípicas, casi siempre antagónicas y contradictorias, que cada astrólogo salva, surfea como puede, dependiendo de su orientación, predisposición e incluso de cómo tenga el día y con que pie se haya levantado esa mañana.  Es claramente un mapa simbólico que revela cierto correlato con una dimensión de la conciencia humana, una dimensión intermedia, la Cuarta y hasta cierto punto, por resonancia, la Sexta, sutiles, pero no causales. O mejor dicho, son causa de las inmediatamente inferiores pero consecuencia de las anteriores, de las inmediatamente superiores. Dentro del orden de las Causas y las Leyes Esotéricas ocupa un lugar más o menos intermedio entre la Esfera Espiritual y la Esfera Psíquica, pero no da cuenta de Leyes aun más Objetivas y Superiores que hacen que los Arquetipos Vibratorios y Planetarios sean lo que son. Para llegar a esas Leyes es necesario estudiar otros mapas esotéricos aun más profundos, y cuando digo profundos hablo de objetivos. A mayor profundidad mayor objetividad,  aunque se podría también argumentar lo contrario. Depende desde que lado se mire la botella. Jeje.

De la multitud de voces que se levantan y discuten dentro de los círculos astrológicos en la actualidad,  la más lúcida desde mi punto de vista ha sido y es la de Eugenio Carutti, porque es el único que ha revelado la función de los arquetipos como una función vincular, contextual, quitándoles cualquier noción esencial y fija de identidad. También ha sido el único, o de las pocas voces,  en hablar de la Astrología como de un mapa arquetípico a resignificar con y en  cada vida humana, poniendo antes y en primer lugar su libre albedrío que las condiciones astrológicas. Mucho antes que él, Max Heindel,  autor de Concepto Rosacruz del Cosmos,  y uno de los padres fundadores de la Filosofía Rosacruz, ya hablaba de la falta de Epigénesis, es decir, de la necesaria emergencia creativa dentro de la interpretación de la repetición de los ciclos astrológicos. Desarrollo este tema en particular dentro de mi libro Psicología y Esoterismo, porque su importancia es radical a la hora de entender la correspondencia entre los Patrones Astrológicos y otros Principios Esotéricos como las Leyes Herméticas. Pero el material es demasiado denso y complejo para citarlo incluso aquí,  ya que requiere de mucha concentración y estudio.

Ha sido sin duda mi práctica astrológica, más que mi propia investigación teórica, la que ha incrementado mi sentido crítico hasta el punto de desestimar estudiar, como antes hacía, la carta natal de ningún individuo antes de conocerlo en realidad, en carne y hueso, es decir, antes de conocernos dentro de un contexto psicoterapéutico. La razón para hacer eso se ha revelado por sí misma. El ejercicio de la libertad personal obedece a una Ley mucho más poderosa (La Voluntad, el primero de los 3 Principios Trinos de la Deidad, los otros son la Sabiduría y la Actividad) y superior que las Leyes que rigen las propias condiciones e influencias astrológicas, de modo que es imposible saber de antemano con qué Planetas y Posiciones se ha identificado un individuo, como los está viviendo, y qué peso tiene cada uno, qué función cumple, sea más o menos consciente, en sus circunstancias actuales.  De hecho,  mi práctica astrológica ha pasado de dedicar horas y horas de preparación al estudio de una carta a prácticamente desestimar prepararla antes de conocer a esa persona in situm. Para explicar esto me pongo de ejemplo a mí mismo. Perdónenme los lectores legos en tecnicismos astrológicos el trabalenguas simbólico que va a venir a continuación.

Digamos que acudo a un astrólogo y este se prepara religiosa y conciezudamente mi carta. Digamos también que finjo no saber absolutamente nada de Astrología. El astrólogo puede deducir, antes de verme,  que al tener Marte conjunto al Ascendente en Capricornio, este Planeta y ese Signo serán muy predominantes en todos los ámbitos de mi vida, pero no como lo vivo y hasta qué punto la dominancia de este Marte está abierta a dialogar o eclipsa otras partes de mi carta. Puede deducir, antes de conocerme,  que mi compulsión por la libertad de pensamiento puede venir  tanto de mi Mercurio en Acuario en la Casa 1 como de mi Urano es Escorpio en la Casa 9, pero no cómo interaccionan en mi vida real la relación entre ese Marte que rige mi Casa 3,   del Pensamiento Concreto y  la Comunicación,  que me la abre Aries, con ese Urano que rige mi Casa 1,  donde tengo interceptado el signo de Acuario. Esto no lo entenderán los lectores que no tengan ya algún conocimiento de Astrología, pero ahí vamos porque lo que importa es el sentido,  no la forma (aunque los que entiendan disfrutaran mucho más de este desglose).

Sigamos con mi ejemplo. Tengo un Sol en Piscis en Casa 1 opuesto a Luna en Virgo en la casa 8. Posiblemente deduzca a priori una dualidad y un conflicto no ya entre mi parte masculina y femenina, o entre mi padre y mi madre, las dos luminarias (ese es un estereotipo demasiado burdo y simple),  sino entre mi pulso de individuación solar que paradójicamente se encuentra en un Signo (el caótico y ambiguo Piscis) nada propicio para ello, y una zona de seguridad analítica y compulsiva (Luna en Virgo) que me demanda entender y desmenuzar intensamente todo en profundidad (Casa 8) y al detalle  (Virgo) para sentir un tipo de refugio intelectual (Luna en Virgo) en un conocimiento demasiado teórico y apriorístico (Virgo otra vez). Digamos que estoy ejerciendo de astrólogo y cliente a la vez cuando digo esto.

Luego vería, todo eso antes de conocerme,  que dentro de mi mecanismo lunar de seguridad  hay otra tendencia a la evasión y la fantasía, incluso a cierto dogmatismo idealista o religioso debido a su cuadratura con Neptuno en Sagitario en la Casa 11 que también cuadra con mi Sol, haciendo una T Cuadrada. Sabría por esa T Cuadrada que estos tres planetas relacionados (Sol, Luna y Neptuno, que además es el planeta regente de Piscis) forman lo que Jung llamaría “un complejo arquetípico difícil de resolver”,  por la oposición y cuadratura de los  Planetas y Los Signos, es decir, los patrones vibratorios implicados. Luego vería que el tema de la independencia radical de criterio y pensamiento será crucial en mí vida  al tener a  Mercurio en Acuario en casa 1 y  a mi Sol en Piscis Casa 1  trígono con Urano en Escorpio en la Casa 9, pero dudaría de si soy alguien tan independiente como aparento ser en realidad, debido a T Cuadrada de mi Sol-Luna-Neptuno antes mencionada,  al  tener también la sombra de mi Ascendente en Capricornio, es decir, Cáncer en la Casa 7 (la de la pareja, con su regente la Luna en la Casa 8, la Casa de la fusión y la transferencia energética), y a otro “complejillo” pulsional e intenso que de repente descubre cerca de allí,  en el que tengo a Venus en Aries en mi Casa 2 opuesta a Plutón en Libra en la Casa 8.

Vaya, aquí empieza a dudar:  -“¿Este gacho será dependiente o independiente?” Digamos que le es crucial saberlo porque le digo que tengo un conflicto enorme entre el pulso autodidacta y liberal de mi trayectoria profesional y mis patrones dependientes de relación de pareja. Evidentemente resuelve la ecuación concluyendo que soy muy independiente en una esfera y casi un atentado terrorista de demanda de atención e intensidad en la otra. Bingo, menos mal que se lo he contado antes  de conocerme, aunque habría llegado a una conclusión parecida hablando conmigo en persona. La Astrología funciona gracias a Dios. ¿O no? Como estos que he mencionado son los complejos (energía psíquica condensada y concentrada en uno o más arquetipos) esenciales de mi carta, ignoraré la broma de tener al regente de mi Ascendente en Capricornio, el señor Saturno,  en Cáncer en mi Casa 6, cuadrando con Plutón en Libra en la Casa 8. Eso afecta más que nada como me desarrollo en la esfera de la organización y rutina laboral y en mi salud psicosomática. ¿O también en la relacional? Ah sí, también, si invertimos el orden de los factores, Saturno sobre mi Plutón en vez de Plutón sobre mi Saturno, volviendo a poner presión y/o una bomba de relojería en el delicado terreno de la familia y la vida conyugal.

Llega el día señalado. Contento y confiado, porque ha preparado al detalle mi carta,  se queda pasmado ahí mismo cuando le digo, después de una hora de lectura,  que soy astrólogo también, y que lo que me lleva contando hace una hora, mientras yo escuchaba religiosamente y en silencio, asintiendo como un cordero y diciendo “ahá ahá”,  ya lo sé. Para salir del paso me felicita in situm por darle tan buena salida al eje Virgo-Piscis,  y, en definitiva,  a la puta madre que le parió a mi T cuadrada, pero le respondo que “sí sí, pero  que ahí sigo sin saber cómo cojones integrar esos complejos”. ¿Tengo un exceso de solarización o de lunitis? Depende cuando y con quien. ¿Es más fuerte Marte que mi propio Sol? Depende cómo y cuando. ¿Se me lleva Neptuno de paseo por las nubes, como Mery Poppins,  todavía a la Luna, o he aprendido que me sale más rentable a la larga mi Trígono Sol-Saturno o Sol-Urano que mi T Cuadrada Sol-Luna-Neptuno? Pues más o menos sé cuando mi Sol le pone los cuernos a uno con otro, pero me ha costado años de observación, y eso sabiendo Astrología, imagínate si no supiera nada de estas cosas. ¿De que puede servir entonces una lectura aislada aparte de llenar el bolsillo a uno y que se vaya feliz a casa el otro, contento porque ahora ya sabe que hay una razón cósmica por la que le pasa lo que le pasa y para ser como es?

Digamos además, por rizar el rizo,  que llevo ya digamos, 10, 12, por decir un número,  relaciones de pareja frustradas y fracasadas, siguiendo la saga de los actores de Holywood que inició la todopoderosa Liz Taylor.

“¿Me puede explicar por favor si se debe a Saturno en Cáncer  cuadratura Plutón en Libra, o es cosa de Venus en Aries opuesto a Plutón en Libra, o es que no me entero de mi necesidad de cuidado, ternura y protección (Cáncer en la Sombra en Casa 7) o es que definitivamente tengo un TOC (Luna en Virgo Casa 8) en el que no cabe más que mi compulsión por el orden y el estudio? ¿No tendrá quizás esa mente utópica y abstracta mía, casi casi superdotada (Mercurio en Acuario Casa 1 trígono con Plutón en Libra Casa 8) algo que ver? O es la atracción por todo lo que me haga disolverme en un mar confuso y ambiguo de no identidad (conjunción Sol-Lilith en Piscis Casa 1)? ¿O quizás,  sencillamente, mi ambición y energía desmedida que priorizo antes de cualquier dinámica sentimental (Marte conjunto al Ascendente en Capricornio opuesto a mi sombra en Cáncer en la Casa 7)? ¿Neptuno en Sagitario Casa 11 que todo lo idealiza y de todo se escapa? ¿Algo que yo no haya visto doctor? ¿Y de que coño me sirve saber tanto si me pasa más de lo mismo?”

-“No -dice con los huevos de corbata, la voz ya no tan segura-, es que según esta configuración astrológica le cuesta a usted mantener un equilibrio mundano entre sus terribles, casi megalomaniacas ambiciones personales,  y su necesidad de un achuchón de vez en cuando, pero vaya, que igual no debería – seguro que hizo un master para concluir eso– estar usted en pareja”.

-“Ah, pues igual no, pero ese igual  está en algún lado de la carta o sólo lo deduce?

Es sólo un caso inventado (mis datos no, son reales), jamás sería tan, -como dicen en Colombia-, joeputa con un colega devoto y entregado, pero en mi interior este diálogo ficticio es precisamente lo que pasaría. Con una interpretación al uso. Otra cosa es que me hiciera una lectura con una orientación más alquímica, que es la única en la que ya puedo creer, y no del todo, pero para eso, una sóla sesión para comprender en qué consiste la Alquimia de los Arquetipos, pues es algo, digamos, not possible. De todas formas me la voy a hacer, ya se con quien pero no sé cuando, porque,  en definitiva, estoy de los mapas astrológicos hasta el culo. De los otros (hablo de la Kabbalah, de la Alquimia, en su relación con el recorrido por los senderos del Arbol Sefiróthico, del Hermetismo y de la recién descubierta Filosofía Rosacruz, Esoterismo Cristiano para que se me entienda), no tanto, pero ni estos son capaces de poner un gramo de paz dentro de mi alma cuando llega la hora de la verdad. Como diría mi madre, en sus mejores momentos, del cha cha cha.

Para eso tengo que dejarme de mapas, mal le joda a mi Lunita en Virgo o a mi Mercurio en Acuario, o a mi Sol-Urano, e irme al territorio, para gran regocijo de mi Marte en Capri conjunto al AC, y a su regente,  Saturno, Señor del Karma,  sobre el que tengo ahora un Tránsito de Saturno  Opuesto en mi casa 12 del puto mal nacido demonio. Hace meses que tengo que tirar del Tantra (Blanco, no Rojo), del Chamanismo Tolteca adaptado a mi estilo (que son, bien entendidos, una Alquimia en tiempo real) y de la pura aceptación de lo que es (¿¿¿mindfullness???), para alquimizar la hecatombe que llevo por dentro, y ahora también, por fuera. Queda mal decirlo, sobre todo en Lkdin y en mi propia web (que tremenda falta de estrategia empresarial señor mío, la de clientes que va a perder ud), pero vaya y que le (al miedo) zurzan. La piel de la serpiente no hace cola ni pilla número en la lista de espera cuando cambia y se tiene que caer. Así que se caiga. Cuanto antes mejor.

De todo esto, concluyo que el ejercicio de la Astrología pasará, para mí, no al olvido sino a ser otra (de las muchas que colecciono) gran herramienta auxiliar al servicio de la Psicoterapia,  como brújula que mirar de vez en cuando mientras se atraviesan algunos riscos y se descienden algunos abismos, pero no más que eso. Para eso y para lo que la simple atención y mirada psicoterapéutica no sean capaces de discriminar, que es para lo que la usaba el dr. Jung, que jamás en su vida se planteó convertirse en un doctor amor al uso,  que parece ser el estigma que más fácil se cuelga, y  a veces se recoge, a la mayor parte de los astrólogos.

-“Quiero saber que dicen los astros de mi y de mi propósito”, es una de las frases infantiles  más repetidas que ya me han hecho un chichón de tantas veces que me he puesto las manos en la cabeza diciendo “Ay Dios mio,  otra vez no”. Y me consta que de esta frase viven muchos (ex) colegas. Allá cada uno. A mí me da un poco de mezcla entre indiferencia, dentera, pereza y vergüenza ajena, pero prefiero volcar mi indignación,  como lo estoy haciendo, en un libro que aclare ciertos malentendidos esotéricos y psicológicos que son la peste negra de nuestros días. Y seguir con la Psicoterapia y otras formas cada vez más profundas, prácticas, rotundas, de estudiar y practicar y actualizar un Esoterismo aplicable y demostrable en la práctica psicoterapéutica. El de verdad, no el que venden ahora en el supermercado del desarrollo personal, al que gran parte de la  Astrología se ha vendido y se vende por cuatro perras y medio bozal (para callarse lo que no se puede decir pero se debería decir y para decir lo que no se debiera, a mi entender), convirtiendo millones de preguntas ingenuas como las que he mencionado en millones de astro-excusas para seguir haciendo lo de siempre, pero ahora porque soy rebelde porque los dioses (Planetas) me han hecho así, cantando con Jeanette.

Te han hecho así, yes,  pero también libre y ante todo -¿lo he dicho ya?- libre. Para descubrir y ejercer esa libertad no basta una lectura. Es necesario un proceso. Pero claro, estamos en una época en la que los procesos terapéuticos ya no venden. Son largos y costosos. Se sufre, duele y pica, porque se caen y se cambian las pieles. Si, pero liberan. A medio (corto no) y largo plazo, si se trabaja en ello, liberan, y esa libertad ya no se pierde. Otra cosa es que uno quiera seguir muriendo y renaciendo, porque ya se sabe, somos así. Tenemos grabada en el tuétano esa extraña creencia de que algo, un diamante quizás,  es para siempre. O debería serlo.

¿Really?…

 

 

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