El Óvulo Materno, de Mikhaïl Naimy

 

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Mikhaïl Naymi y Kahlil Gibran, fundadores de la Pen Society o Pen League para difundir la literatura árabe clásica en Occidente

 

“(….) El espacio y todo lo que hay en él es un huevo, cuyo cascarón es el tiempo. Es el Óvulo Materno.

Este Óvulo está envuelto, tal como el aire envuelve a la Tierra, por el Dios envolvente, el Macro-Dios, la vida incorpórea, infinita e inefable.

Encerrado en este Óvulo está el Dios latente, el Micro-Dios, la vida encarnada, también infinita e inefable. Aunque inmensurable en lo que se refiere a las medidas humanas, el Óvulo Materno tiene límites. Aunque él propiamente no sea infinito, está limitado por el infinito por todos sus lados.

Todas las cosas y todos los seres del universo tan sólo son óvulos del espacio-tiempo que encierran el mismo Micro-Dios, pero en distintos grados de desarrollo. El Micro-Dios que está en el hombre tiene una mayor expansión espacio-temporal que el Micro-Dios que está en el animal, y el que está en el animal tiene mayor expansión que el que está en la planta, y así sucesivamente conforme se desciende en la escala de la creación.

Los innumerables óvulos que representan todas las cosas y los seres, visibles e invisibles, están de tal modo dispuestos dentro del Óvulo Materno, que el mayor en expansión contiene el inmediatamente menor, con espacios intermedios, hasta el óvulo menor de todos, que es el núcleo central encerrado en el espacio-tiempo infinitesimal.

Un óvulo dentro de otro óvulo, desafiando los números humanos, todos fecundados por Dios: esto es el Universo, queridos Compañeros (….).

(….) La corriente de la vida que va de la superficie del Óvulo Materno a su centro, y del centro a la superficie, se desarrolla sin interrupción. A medida que se va expandiendo en el tiempo y en el espacio, el Micro-Dios situado en el núcleo central pasa de óvulo a óvulo, desde el más bajo al más alto orden de vida, siendo el más bajo el de menor expansión y el más alto el de mayor expansión en el tiempo y en el espacio, variando el tiempo necesario para el paso de un óvulo a otro, desde un guiño de ojos en algunos casos, a un eón en otros. Y así prosigue el proceso hasta que el cascarón del Óvulo Materno sea roto y el Micro-Dios emerja como Macro-Dios.

La vida, pues, es un desarrollo, un crecimiento y un progreso; pero no como los hombres acostumbran hablar sobre el crecimiento y el progreso, pues crecimiento para ellos es un aumento de volumen, y progreso un caminar hacia adelante. Mientras que, realmente, el crecimiento es una expansión esférica en el tiempo y en el espacio, y progreso es un movimiento que se extiende en todas direcciones: tanto hacia adelante como hacia atrás, y tanto hacia abajo y lateralmente como hacia arriba. El crecimiento final es, por lo tanto, exceder en crecimiento al espacio. Y el progreso final es sobrepujar al tiempo, sumergiéndose de este modo en el Macro-Dios y alcanzado la liberación de los límites del tiempo y del espacio, que es la única liberación que merece tal nombre (…).

(….) Todos los órdenes de existencia inferiores al hombre están incluidos en un óvulo-grupo. Hay pues, para las plantas, tantos óvulos como variedades de plantas existen, conteniendo las más evolucionadas a las menos evolucionadas. Lo mismo sucede con los insectos, peces, mamíferos; siempre los más evolucionados encierran todos los órdenes de vida menos evolucionados, hasta llegar al núcleo central.

Así como la yema y la clara, dentro del huevo común, sirven para alimentar y desarrollar el embrión del polluelo allí encerrado, de la misma manera, todos los óvulos encerrados en cualquier óvulo sirven para alimentar y desarrollar el Micro-Dios allí encerrado.

En cada óvulo sucesivo, el Micro-Dios encuentra un alimento espacio-temporal ligeramente diferente del que le fue suministrado en el óvulo precedente. De ahí la diferencia en expansión espacio-temporal. Difuso y informe en el gas, se concentra más y comienza a tomar forma en el líquido. En el mineral asume una forma definida y una fijeza, permaneciendo desprovisto de cualquier atributo de vida conforme se manifiestan en las formas superiores. En el vegetal toma forma con capacidad para crecer, multiplicarse y sentir. En el animal siente, se mueve, se propaga, posee memoria y rudimentos de la capacidad de pensar. Pero en el hombre, además de todo eso, adquiere la personalidad, y es  capaz de contemplar, de expresarse y de crear. Es verdad que la creación del hombre en comparación con la de Dios, es semejante a un castillo de naipes construido por un niño, comparado con un magnífico templo o un elegante palacio construido por un arquitecto formidable. No obstante, es una creación.

Cada hombre llega a ser un óvulo individual, en el que los más evolucionados encierran a los menos evolucionados, y también a todos los óvulos animales, vegetales e inferiores hasta el núcleo central. Mientras que el más evolucionado, -el vencedor-, encierra a todos los óvulos humanos y subhumanos.

El tamaño del óvulo que encierra a cualquier hombre es medido por la amplitud de los horizontes espacio-temporales de ese hombre. Mientras que la conciencia del tiempo de un determinado hombre no abarca más allá de corto periodo de tiempo que va desde su infancia hasta el momento presente, y sus horizontes de espacio no abarcan más allá de lo que sus ojos pueden alcanzar, los horizontes de otro abarcan pasados inmemoriales  y futuros muy distantes y espacios aun no alcanzados por sus ojos.

El alimento ofrecido a todos los hombres para su desarrollo es el mismo, pero sin embargo, es distinta su capacidad para alimentarse y digerir, pues no han salido del mismo óvulo en el mismo momento y lugar. De ahí su diferencia en sus expansiones espacio-temporales; y en ello se encuentra el motivo de que no existan dos hombres exactamente iguales (….).

(….) La vida de un vencedor está en contacto con la  vida de todo hombre por todos lados, pues contiene la vida de todos los hombres. Mientras que la vida de ningún hombre toca, por todos los lados, la vida de un vencedor. Al más sencillo de los hombres, el vencedor da la impresión de ser el más sencillo de los hombres. El altamente evolucionado lo reconoce como altamente evolucionado. Más hay siempre aspectos del vencedor que sólo otro vencedor puede percibir y comprender. Por eso, él es un solitario y se siente como quien está en este mundo, pero no es de este mundo.

El Micro-Dios no quiere permanecer encerrado. Está siempre trabajando para su liberación de la prisión del tiempo  y del espacio usando una inteligencia muy superior a la humana(….).

(….) Para conquistar el tiempo tendréis que combatir el tiempo con el tiempo. Para vencer el espacio tendréis que dejar que el espacio devore el espacio (…)

(…) Aquellos que descubrieron su destino y anhelan realizarlo no pierden tiempo mimando al tiempo, ni pasos andando en el espacio. En la corta duración de una vida podrán recorrer eones y aniquilar inmensas vastedades. No esperan que la muerte les lleve a un óvulo próximo al suyo; confían en que la  vida les auxiliará para horadar la cáscara de muchos óvulos de una sola vez.

Por eso necesitáis estar desapegados de todo, para que el tiempo y el espacio no dominen vuestros corazones (….). “

 

Extracto del Cap 34, El Óvulo Materno, el Libro de Mirdad

Mikhaïl Naimy

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