Un espejo llamado Coronavirus

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Canales de Venecia. AFP. Andrea Pattaro.

Voy a ordenar algunos textos publicados en Facebook,  para dar algo de coherencia a mi particular visión sobre el coronavirus.

El coronavirus, como toda crisis, es un espejo que refleja lo mejor y lo peor de nosotros mismos. También es un estupendo detector de posiciones y trastornos narcisistas, sobre todo espirituales. No hay mas que echar un vistazo a las redes sociales y ver las inflaciones de una espiritualidad que no está para nada encarnada en las contingencias del devenir del mundo. Puro advaita mal entendido y peor practicado. Pura bullshit.

Desarrollo esta idea porque también me lo han pedido. ¿A que me refiero como pura bullshit? A la propaganda espiritual, que como todo mundo, también tiene su propaganda y sus propios canales de propaganda. También a una ligereza no debidamente arraigada en las contingencias del mundo. Y también,  a la confusión de la esfera pre-personal y trans-personal, llamada falacia pre-trans,  que ha denunciado hasta la saciedad Ken Wilber y que campa a sus anchas en el mundo espiritual.

La falacia pre-trans consiste básicamente en sublimar mis conflictos (heridas, traumas, carencias) pre-personales, no resueltos, antes de la formación de un ego regulador, y proyectarlos en una esfera trans-personal, sin haber pasado antes por una necesaria, por mucho que nos pese, etapa o fase de diferenciación egoíca. El mundo espiritual está lleno de estos peterpanes, puer aeternus, niños eternamente heridos,  que buscan sublimar las carencias relacionales con papá o con mamá en los brazos de un gurú o de una determinada doctrina espiritual.

Al hacer esto suelen arrastrar sus problemas infantiles irresueltos y proyectarlos sobre el mundo, que adquiere la connotación negativa de sistema,  matrix, o como quiera que se le llame, cayendo, es lo más normal, en una postura maniqueísta, en la que el mundo es el detentor (en realidad el contenedor de sus propias proyecciones inconscientes) de las fuerzas oscuras (reflejo de las fuerzas oscuras de su propio inconsciente),  mientras que la naturaleza,  las cuevas, los ashrams, los bosques, y los parajes a los que se retiran son los detentores de las fuerzas luminosas o potencias espirituales que normalmente todos (y digo todos) canalizan.

Desde un punto de vista freudiano, introyectan el Ello y proyectan el Superyo, porque no hay ningún Yo regulador que sirva de conexión entre ambos. Desde un punto de vista junguiano, proyectan en el mundo los contenidos de su inconsciente personal, de su sombra,  que, como no está contenido por la estructura mediadora de ningún yo porque este todavía no existe, se ve invadido por los contenidos aun más profundos (y caóticos) del Inconsciente Colectivo.  No pretendo hablar en profundidad sobre esta falacia pre-trans sobre la que ya ha escrito exhaustivamente Ken Wilber. Me interesa en lo que tiene que ver al respecto del efecto coronavirus y sus repercusiones psicológicas, tanto a nivel individual como colectivo.

Siguiendo la falacia pre-trans de Wilber, hay un narcisismo fijado en las estructuras pre-personales de conciencia (temperamento y carácter), otro fijado  en las estructuras personales de conciencia (ego-personalidad)  y otro que se puede fijar en las estructuras transpersonales de conciencia (y que es, en realidad,  un narcisismo pre-personal teñido de consigas espirituales, lo que Wilber llamó boomeritis). Ante una amenaza como el coronavirus, o cualquier otra, el narcisismo pre-personal se preocupa sólo  y exclusivamente de su propia supervivencia. El narcisismo personal, que ha superado el deseo de supervivencia, o lo tiene asegurado. se preocupa sólo y exclusivamente de perder reconocimiento, fama, status y/o poder. El narcisismo transpersonal, que cree haber superado tanto la necesidad de supervivencia como el deseo de reconocimiento, fama, status y/o poder,  no se preocupa de nada porque cree que la amenaza del coronavirus no va con él, bien porque considere que ha trascendido el devenir del mundo, bien porque considere (he visto mucho de eso en las redes sociales) que el tema del coronavirus sólo afecta a gente menos evolucionada y/o porque lo considere una herramienta de “las fuerzas de la oscuridad”, mientras que ellos están (como no) en la luz. Esta es una proyección básica y de manual propia de los estadios pre-personales de conciencia.

Lo primero que se aprende en  Kabbalah es que un exceso de luz ciega tanto o mas que un exceso de oscuridad,  y que uno no puede soportar mas luz de la que es capaz de recibir. Si uno quiere recibir mas luz,  ha de flexibilizar y agrandar su kli, su recipiente.  Uno no puede flexibilizar su kli o su recipiente si no supera la confusión entre los estados pre-personales y trans-personales de conciencia. Si no lo hace, será quemado y consumido por la luz sin ningún tipo de compasión o misericordia.  Cuando uno llega verdaderamente a lo trans-personal, cuando uno ha preparado su recipiente para recibir más y mas luz, siente que nada (empezando por el coronavirus) en el mundo le es ajeno, aunque lo contemple desde otro lugar en el que no se dan las proyecciones de mi propia sombra,  pero tampoco las identificaciones con ella.

Resumen: si no hay verdadera compasión, no hay ninguna trascendencia.

Sigamos. Si uno observa desde una perspectiva psicológica el efecto coronavirus puede constatar ciertas evidencias. Casi todo el mundo adecúa las misteriosas causas y consecuencias del coronavirus a la memoria grabada en su cuerpo emocional, a los contenidos del setting mental y del sistema de creencias que sostienen su carácter y su ego-personalidad, cerrándose a dejar permear la estructura de su psique por esa realidad que los budistas llaman impermanencia. Diagnóstico: el coronavirus, como cualquier otra crisis personal y global, pone en evidencia la impermanencia de nuestra psique y por lo tanto, de nuestro setting mental, sistema de creencias y cuerpo emocional, pero también la rigidez de nuestros sistemas y herramientas defensivos ante ella. Esta resistencia a la impermanencia no sólo atañe especialmente a economistas y políticos, también toca a intelectuales, científicos y otras autoridades cuyo criterio conforma y moldea el consenso social ante cualquier crisis.

Sin embargo, muchos confunden la realidad de la impermanencia y como esta afecta constantemente a nuestro mundo y a nuestra psique con sus propias proyecciones y expectativas personales acerca de la construcción de otro mundo posible, sin darse cuenta de que sea como sea el mundo en el que habitamos, es el mejor de los mundos posibles porque es sencillamente lo mejor que lo hemos sabido hacer. Aquí es dónde se confunde una impermanencia que nos deja a todos igualmente desnudos ante Dios,  con el deseo de revancha espiritual que tienen los peterpanes no crecidos, donde se empiezan a comparar estados vibratorios y estados de conciencia y donde vuelve a entrar en juego el denostado discurso maniqueista de la luz contra la oscuridad.

A las almas preclaras, gurúes, maestros, canalizadores e iluminados varios que interpretan el coronavirus como un mensaje divino, como una bendicion o maldición (para el caso es lo mismo) de Dios, del Universo y/o de las potencias espirituales al servicio de nuestra evolución, recordarles sencillamente que un correcto entendimiento de la ley del karma no se entiende sin un correcto entendimiento de la ley del libre albedrío, a la que sigue y se supedita.
Explicado: el ser humano lleva milenios consumiendo la carne de animales prácticamente vivos (mismo da si es un murciélago o un pangolín), que parece haber sido la causa material (siguiendo a Aristóteles) de esta pandemia.  Este hábito es sumamente peligroso para el sistema inmunitario del ser humano ya notablemente debilitado respecto a lo que fue un día. Un ser humano infectado en un mundo globalizado supone una sociedad global infectada. Tal es el karma inevitable. No es que la naturaleza se tome la revancha. No lo necesita. Con el karma que sobreviene de las elecciones que cada ser humano toma desde su libre albedrío es más que suficiente. Por eso no sirve de nada quejarse. A nadie. Solo llenar la cualidad del ejercicio del libre albedrío con la cualidad del ejercicio de la conciencia y la responsabilidad que asume que cada acción tiene su consecuencia.

El covid 19, entre otras muchas enfermedades, es la simple consecuencia de nuestro modo de vida, de uno a otro extremo del planeta. No es el virus chino ni europeo ni norteamericano. Es un bicho colonizador que se ha colado por una de las innumerables grietas y fisuras de nuestra falta de conciencia y responsabilidad, tanto individual como colectiva.
Tenemos la oportunidad de hacernos responsables: que esotéricamente significa armonizar en nuestro interior las leyes del libre albedrío y del karma. Esto no sólo significa disminuir nuestras constantes agresiones a la naturaleza, o dejar de comerciar con animales exóticos, sino cuidar de todos y cada uno de nuestros hábitos materiales, emocionales y mentales sin dejar por ello de fortalecer los sistemas e instituciones que velan, cuidan y protegen nuestro bien común y/o crear otros nuevos. Luego, después de esto, podemos habla de evolución, tránsitos planetarios (que haberlos haylos), de potencias espirituales, de bendiciones y/o maldiciones y de recompensas y castigos.

Las causas y los propósitos espirituales de semejante pandemia no las sabemos, por mucho que lleguen mensajes y mensajes de canalizadores, gurúes, chamanes, ancestros y maestros ascendidos. Mas allá de las simplificaciones y/o de las interpretaciones subjetivas, toda crisis, todo sufrimiento, a nivel individual o global, es evidentemente una oportunidad de evolución. No hace falta ser un gurú para saber esto. Esto ha sido así y así seguirá siendo en ciclos tan precisos como un reloj suizo, como tan bien demuestra la práctica de la astrología mundial. El Covid 19 coincide con un tránsito de la conjunción Saturno-Plutón que se dio también en 1914 (1a guerra Mundial), 1947 (2a guerra mundial) y 1982 (caída del muro de Berlín, emergencia del Sida).

Pero que la Astrologia pueda predecir y anticipar estos ciclos críticos, no dice nada del contenido de los mismos, es decir, del libre albedrío (las decisiones, se tomen desde la conciencia o desde la inconsciencia) con el que los confrontamos,  ni del karma que resulte del ejercicio de este libre albedrío. Por lo tanto,  el tema no consiste tanto (aunque también) en las causas y propósitos espirituales de las crisis, sino en lo que elegimos hacer con ellas. No es el por que del que nadie sabe,  sino el para que. Qué elegimos, de nuevo, hacer con esto. Repetir el patrón individual y colectivo que nos ha llevado hasta aquí,  o repararlo a través de una nueva integración entre lo que había y lo que no había pero se ha hecho evidente que falta.

La crisis del Covid 19 tiene mucho que decir respecto a nuestro psiquismo y de su relación con el mundo, o si se quiere, si lo ponemos al revés, como lo diría Jung, del mundo como espejo de nuestro psiquismo. Y cuando hablo del psiquismo no hablo sólo del psiquismo occidental, tan familiar y conocido, sino de culturas que hasta el día de hoy nos han sido extrañas y ajenas como la china.

Dice Alejandro Lodi (alejandrolodi.wordpress.com), astrólogo formado en Casa XI, de la linea de Eugenio Carutti, en una corta entrevista, que el psiquismo chino en el que las necesidades del individuo se supeditan orgánicamente a las necesidades de la comunidad (algo que para nuestra psique narcisista occidental  es incomprensible) es el que ha hecho posible no sólo esa extraña mezcla de comunismo social y capitalismo económico que la ha convertido, ahora si, en la primera potencia económica del mundo, sino que hayan demostrado la mayor eficiencia y eficacia en la gestión del coronavirus. Lo que me da varias cosas en las que pensar relacionadas con varios escenarios posibles:

1. Que el modelo socio-económico mundial (¿Un nuevo orden?) evolucione progresivamente hacia el modelo chino, que es el que demuestra de lejos ser el más eficaz, pero el que menos importancia le da al elemento individual y subjetivo de la psique. Aquí se impondría un modelo de deshumanización en el trabajo impuesto por las oligarquias económicas y políticas de intereses multinacionales (chinas primero, pero también otras).

2.  Consecuencia del anterior. Que nuestro concepto de psique individual (que se puede decir que es enteramente un producto de Occidente) entre en crisis definitiva, es decir, que la comunización de los intereses globales difuminen para siempre las fronteras entre lo subjetivo y lo objetivo. Aquí también se impondrían estas oligarquías.

3.  Que el concepto (y también sentimiento) de psique individual sea una conquista irreversible (cosa que como occidental creo firmemente) y por lo tanto, conforme una especie de contraparte o de sombra psicológica del modelo de psique chino, por lo que la guerra social y cultural, no solo económica, también estaría garantizada. Aquí la guerra global entre las distintas nacionalidades, culturas y concepciones identitarias.

4. Que la evolución de la psique individual encuentre alguna forma sintética de integración con la evolución de la psique colectiva, en muchos sentidos, muchísimo mas retrasada. Este escenario me parece el mejor, pero el más improbable porque la evolución de la psique individual y colectiva está lejos de ser sincrónica. Aquí se podría instaurar una especie de convivencia de todas las culturas y psiquismos respetando su idiosincrasia propia, aunque en un mundo global ya inevitable.

Sea como fuere, todos veremos alguno de estos escenarios, nos guste o no.

 

Dejando la dimensión psicológica y entrando ya en la material, respecto a las medidas preventivas y y obligadas que todos tenemos que tomar, terminar con varias consideraciones.

Las medidas globales de aislamiento, confinamiento y contención tomadas por la amenaza ( tanto en su parte real, que la tiene, como en su parte ficticia, que también la tiene) del coronavirus, traerán como consecuencia una desestabilización y un cambio radical en el tablero económico del mundo hacia dos posibles escenarios socio-económicos: una radicalización del capitalismo salvaje en el que los fuertes (China, Alemania, EEUU) se harán más fuertes, en detrimento de las sociedades y economías más vulnerables,  o una conversión hacia una economía solidaria en los países más débiles, si es que quieren sobrevivir. Probablemente las dos cosas, dependiendo de las decisiones políticas que se tomen en cada país, pero también, y sobre todo, de la iniciativa y la acción ciudadana.

Que China estuviera más preparada social, cultural y económicamente para gestionar las repercusiones del virus que la mayor parte de los países europeos y, por supuesto, de África, Asia y Latinoamérica, parece una sospechosa coincidencia aunque no me atrevo a entrar en consideraciones conspiratorio- paranoicas. Pero la coincidencia existe, es un hecho. China saldrá muy fortalecida en el tablero económico y Europa, mucho más débil, y en clara desventaja cronológica respecto a la progresión de la curva del virus, perderá más y más productividad y eficiencia, y por lo tanto, más y más privilegios, hasta el punto de que es posible que estemos contemplando el fin del estado de bienestar tal y como lo conocíamos.

En EE.UU probablemente la reacción económica se oriente hacia una exacerbación de las políticas proteccionistas del mismo modo que ya lo está haciendo Reino Unido, como único modo de supervivencia ante la expansión imparable de China.

Los países del Norte de Europa, al tener muchísimo menos superhabit de población y la ratio del Pib/ medidas de protección social más holgada del mundo, probablemente sean los que menos sufran, social y económicamente, pero asegurarlo es algo imposible en una economía globalizada.

Como resumen, dos posibles escenarios socio-económicos: uno inmoral y eugenésico liderado por EE.UU y Reino Unido, y otro solidario y social, pero con la particularidad de que China, probablemente, y a partir de ahora, y mucho más que antes, marcará los ritmos en las importaciones y exportaciones a nivel mundial (a quien se compra y a quien se vende y para qué…).

De todo esto pareciera, aunque no se puede concluir, que el coronavirus sea más bien una herramienta de desestabilización y/ o reseteo socio-económico que una emergencia biológica en sí misma, aunque lo sea, en especial para los sectores, clases y países más vulnerables y desprotegidos. No es la opinión de un experto, pero es la mía.

Las consideraciones subjetivas, psicológicas, emocionales e incluso espirituales del Covid 19, de las que hemos hablado someramente al principio de este post,  ya son arena de otro costal, pero tienen tanta o más importancia que las objetivas, porque están indudablemente relacionadas. Y según mi parecer, son en estas últimas en las que nos deberíamos centrar, y examinar a conciencia, si de verdad queremos que al otro lado del túnel amanezca otro mundo posible.

De lo contrario, me temo, será mucho peor que el anterior. Una verdadera antesala del apocalipsis.

 


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