¿El fin de Europa?

 

Saturno devorando a sus hijos.
Saturno devorando a su hijo

No tengo el conocimiento suficiente para hablar del tema que quiero tratar en este post. No es mi área, pero como español y europeo si tengo algo que decir ante la hecatombe insolidaria de esa rara avis que algunos todavía se esfuerzan por llamar Unión Europea. Como carezco del conocimiento histórico y geo-político suficiente, utilizaré la mitología  con la que estoy más familiarizado y cuyo lenguaje  me es mucho más afín.

El coronavirus parece un envíado de Hades, un verdadero perro del infierno, con el único fin de poner al descubierto lo que a nivel individual y colectivo habíamos puesto bajo la alfombra: a grandes rasgos la inviabilidad de un sistema socio-económico tiránico que devora a sus hijos según Ops (o Rea), su malograda esposa, los procrea. Rea consiguió salvar a Zeus, y cuando este creció se rebeló contra la tiranía de su padre, con la ayuda de los demás Dioses, los Gigantes, los Cíclopes y los Hecatónquiros.  Finalmente, los Titanes (las fuerzas titánicas son la metáfora, según la obra Mitos Griegos, de  Friedrich George Junger,  de las fuerzas ctónicas de la naturaleza y de sus ciclos) fueron vencidos por los Dioses (las fuerzas divinas son la metáfora de la primera emergencia de la psique individual, de la separación inevitable de la conciencia humana, a través de la emoción primero y del pensamiento después,  de su base biológica -las meras sensaciones o vida vegetativa- y orgánica) en la Titanomaquia, según la relata Hesiodo en su Teogonía.  Se impuso el germen (que tardaría siglos en desarrollarse) de la conciencia individual, y con él, la separación inevitable (es necesario repetir esa palabra), aunque imaginaria,  de la seguridad, pero también, de la repetición invariable y el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza. Lo titánico significa para Jünger la fuerza de la repetición, pero es una repetición en la que no hay ninguna emergencia creativa, ninguna epigénesis. Y por lo tanto, donde no hay ni puede haber evolución.

Tras vencer a los Titanes, estos fueron arrojados a las tinieblas del Tártaro (nuestro Inconsciente Colectivo más profundo) mientras las fuerzas de la conciencia individual emergente (Dioses) pugnaban por encontrar un espacio de diferenciación y autonomía.  Este espacio de diferenciación y autonomía no llegó con el reinado de los Dioses (época Mítica según Wilber), sino cuando los hombres desterraron a los Dioses (mandándoles también de paseo al Inconsciente, aunque no a un lugar tan profundo como al que los dioses habían enviado a los Titanes) a través la emergencia del pensamiento sobre la emoción, del mismo modo que la emoción había emergido del mundo puramente instintivo, sensorial y vegetativo de los Titanes. Aquí empieza la historia tal y como la conocemos, y aquí es donde ya no puedo hablar con conocimiento de causa, razón por la cual voy a seguir el hilo de la corriente subterránea de esa mitología común que siempre ha permeado y permeará la historia de los hombres, y que Jung estudió tan profusamente.

Ahora volvamos a Europa. ¿Cual es la idea de Europa? ¿Cuando surgió y qué entendemos por Europa actualmente? Existe la Europa geográfica, que nunca en toda su historia (ni siquiera en los tiempos del Imperio Romano estuvo totalmente unida),  existe la Europa cultural (que tampoco en toda su historia estuvo del todo unida) y está la Europa económica y política, que está más fragmentada aún que las dos anteriores.

Es claro que el primer germen, o intento, geográfico, económico, social, cultural y político, de una Europa no fragmentada se concibió con el Imperio Romano. ¿Pero se consiguió? No. La prueba: el desarrollo de dos culturas, ideologías y sociedades paralelas: una greco-latina y otra anglosajona (dentro de esta incluyo a las culturas germánicas y nórdicas). Dos ideas de Europa que se separaron definitivamente tras la reforma protestante de Lutero y el Concilio de Trento. La Iglesia Católica Romana fue, en cierta medida, la continuadora y sostenedora de la latinización (culturización a través de una lengua común) y del sostenimiento de la Europa Grecolatina, es decir, del legado de Roma como ente civilizador y homogeneizador, en una Europa sesgada, dividida y enfrentada siempre por las disputas entre el poder político y económico de pequeños y grandes feudos de un Norte cada vez mas rebelde y de un Sur que siempre o casi siempre se mantuvo fiel a los dictados del Papa y de su Iglesia.

Repito que no estoy para nada versado en historia, pero lo que me interesa destacar es que esta disociación permanente e histórica en la homogeneidad europea corresponde, en un nivel psicológico, al curso de dos mitologías bien distintas: la greco-latina y la anglosajona-germánica-nórdica, y a sus reflejos en la predominancia de la vida individual sobre la social o viceversa.  La reforma de Lutero no creó, pero si potenció esta divergencia, de hecho la justificó, desautorizando al poder hasta ahora irrefutable y omnívodo de la Iglesia Católica, para otorgárselo al individuo. Creo que Perez Reverte ha hablado y escrito infinidad de veces sobre este asunto como punto nodal en la emergencia de una Europa de dos velocidades, como la llamamos ahora. Max Weber escribió sobre el tema profundamente en su ensayo La Ética protestante y el espíritu del Capitalismo.

Y con esto llegamos aquí, a esa Europa de dos velocidades. A un Occidente (Oriente es otra cosa igual o más compleja) dividido entre el Norte y el Sur. Un Norte colonizado por el protestantismo y un Sur colonizado por el catolicismo. Un Norte y un Sur con distintas motivaciones y mitologías. El capitalismo, y su perversión, el neoliberalismo, es la consecuencia extrema de la falta de integración (y también de su perversión) de estas dos mitologías, de la unilateralidad de una sobre otra, y también, de la falta de integración de estas dos mitologías con las mitologías y culturas indígenas sobre las que se impusieron, ambas, a lo largo de todo el globo.  Y de esta falta de integración, sobre todo con la base más instintiva y básica de nuestra naturaleza, aquella con la que todas las culturas y mitologías indígenas siguen en contacto, surgen las arremetidas del inconsciente, es decir, de las mismas fuerzas ctónicas y titánicas que los Dioses encerraron en el Tártaro. Infinidad de guerras históricas, dos guerras mundiales, guerras virtuales y tecnológicas (¿y ahora biológicas?),  crisis medioambientales, infinidad de pandemias, y ahora, nuestro querido coronavirus, como último perro del infierno.

Sus dentelladas salvajes han dado al traste (o darán al traste) con todas nuestras caretas psico-sociales exponiendo a la luz lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Parece que el único remedio es unirse, como humanidad de una vez, pero bajo ¿que mitología? ¿La que entrega todo el poder al individuo o la que entrega todo el poder al Estado? Quizás a ninguna. O a una integración de ambas. Pero como dijo Pepe Mújica ayer en una entrevista: “solo nos acordamos de las bondades del Estado (heredero del Imperio Centralizado de Roma y de su Derecho Romano, fundamento de casi todos los Estados de Derecho del mundo) cuando las papas queman“, es decir, cuando nuestra supervivencia individual se encuentra realmente en peligro.

Es inevitable que la Europa del Sur (y Latinoamérica) sea más social, y menos liberal,  que la del Norte (y Norteamérica). Está en el adn mismo de su mitología. Por social no me refiero sólo a las instituciones sociales que cuidan del Estado de Bienestar, sino a una forma de entender y experimentar la vida, a una cultura predominantemente social antes que individual, que vive mas en la calle que en casa, y en la que el bien social prima antes que el bien individual, pero que está aun muy lejos, gracias a Dios,  de la colectivización y fagocitación del individuo que impera en la cultura y en la mitologia de China, cuya extraña simbiosis entre sistema neo-liberal y estado comunista es arena de otro costal.

Geográfica, climática y socialmente, Europa del Sur tiene otra forma de comprender la vida. Y también tiene otra forma de comprender y gestionar las crisis. A las pruebas me remito. No creo que se vean las iniciativas sociales que se están viendo en Italia, España y Portugal en Holanda, Alemania, Austria, Suiza, Países Nórdicos o Reino Unido. De hecho, la mitología propia de los paises greco-latinos, o latinos a secas, no ha sido capaz de absorber e integrar nunca las motivaciones individuales que mueven al espíritu del neo-liberalismo de la misma forma en la que lo ha hecho la mitología propia de los paises anglo-sajones, germánicos y nórdicos. De ahí las gigantescas desigualdades sociales en los países del Sur (a la que se suma EE.UU que es un continente en sí mismo, con su propio Sur y su Norte)  y de ahí el ir a remolque siempre de los países del Norte.

La Unión Europea, aunque germinalmente naciera con otro fin,  no ha pasado de ser un experimento para crear un espacio libre de mercado, o mejor dicho, para el mercado y al servicio del mercado, en un intento de no ser fagocitados por la potencia económica liberal de EE.UU y, ahora, de China. Desde poco después de la Segunda Guerra Mundial, y a través de la emisión de deuda y mas deuda para seguir los stándares de un sistema neo-liberal global que se ha impuesto como pensamiento único, ha mantenido a los países del Sur en una constante situación de vasallaje económico (aunque también se haya convertido en político) en un régimen feudal que en poco se distingue de la Europa del Medievo. No se ha integrado ni social, ni cultural ni políticamente y la prueba es que ante una emergencia como esta, el neo-liberalismo solo ha revelado su completa incapacidad para hacerle frente, mas que inyectar una liquidez que no existe porque se basa en realidades virtuales y en un dinero inexistente, que no tiene bienes y recursos  reales que lo sostengan. Jamás el valor de las cosas se había desvirtuado tanto en dirección a una realidad completamente ficticia y virtual, que aliena al hombre y que expolia la naturaleza.

Ahora nuestros hermanos grandes del Norte nos riñen de nuevo y nos dicen que no hemos hecho los deberes. Que no contamos con reservas (difícil tenerlas con una deuda que casi supera al PIB) porque no tenemos ni queremos tener una buena política fiscal. Que todo nos pilla a contrapié,  y que no sabemos hacer otra cosa más que improvisar. Que no hemos crecido, vaya, para resumirlo. Que nos toca madurar y que nos apañemos solos. Que sálvese quien pueda. Feudalismo.

No nos salvaremos solos. En ninguna parte. Ni en el Norte ni en el Sur ni en el Este ni en el Oeste porque esta es una crisis global que nos afecta a todos. El neo-liberalismo (el imperio del individuo) no funciona. El comunismo (el imperio del Estado) no funciona. Su simbiosis (modelo de  China) da como dentera, por decirlo suave, y nos habla de lo peor de estos dos sistemas combinados en la que más que seres humanos terminaremos siendo autómatas esclavos de un sistema computacional-digitalizado.

Necesitamos reconocer la emergencia de las fuerzas titánicas y ctónicas que encerramos en el sótano como reflejo de nuestro propio inconsciente. Reconocerlas para integrarlas. Reconocer nuestro completo olvido de nuestro origen común y de nuestra comunión con la naturaleza. Necesitamos una nueva integración. En muchos niveles. Pero que esté en sintonía con la mitología que nos es propia. España, Italia y Portugal, incluso Grecia (no sé si incluir a Francia), es decir, los paises y las culturas grecolatinas, fueron moldeadas por el comercio del Mediterráneo y de todas las culturas que bañan sus costas (incluída la africana,  la árabe, y ese Medio Oriente en el que sólo vemos enemigos o inmigrantes).

La tentación más fácil siempre fue, es y será la fragmentación,  y con ella, el auge de los nacionalismos, la última expresión del sálvase quien pueda o el yo antes que tú que está arrasando en todos los países europeos. Quizás sea ya demasiado tarde incluso para la idea de una Europa del Sur Mediterránea. Igual estamos ya demasiado desgastados para una nueva ilusión, escarmentados como estamos de esta vieja y recalcitrante Europa. Igual Cronos (Saturno)  haya sido  liberado por Hades (Plutón) de su prisión del Tártato para hacernos pagar a todos nuestro expolio sin descanso a la naturaleza, a las leyes que no fueron dictadas por las manos del hombre y que superan nuestra capacidad de comprensión (pero no de aceptación). Quizás la única cultura y mitología que pueda resetear lo que hemos hecho y hacerlo de un modo mejor, en comunión con la tierra que nos sustenta,  sea la indígena, marginada y maltratada en todas partes. Yo no lo sé.

Solo sé que esta Europa no funciona. Ni como idea, ni como ente, ni como instituciones, ni como nada. Solo sé que parece que tiene sus días contados. Igual que todas las identificaciones y pseudo-identidades que sustituyen nuestra identidad real  como seres humanos. Y creo que esta es la palabra clave. Ser humano. O creamos identidades, asociaciones, instituciones, políticas, economías, sociedades, culturas, actividades, trabajos, rutinas verdaderamente humanas, o creo que debemos prepararnos colectivamente para emigrar  a una existencia distinta. En otro plano.

Siempre habrá alguna voz más o menos cínica que pretenda poner en cuestión lo que ser humano significa. Que incluya no sólo nuestra capacidad constructiva y creativa sino destructiva. Y no le faltaría razón,  porque el ser humano es el único ser que puede tocar el cielo y el infierno al mismo tiempo. A mi me gusta especialmente el proverbio Homo sum, humani nihil a me alienum puto, que significa Soy un Hombre, nada humano me es ajeno. Publio Terencio el Africano lo puso en boca del personaje Cremes en su comedia Heutontimorumenos (El enemigo de sí mismo) en el 165 AC. No puedo dejar de pensar que cuando un ser humano ignora a otro como si fuera algo extraño y ajeno, se convierte,  en ese mismo instante, en enemigo de sí mismo. De hecho, en su peor enemigo.

Esotéricamente, sé a ciencia cierta que el ser humano es aun mucho mas que eso, un estado de ser en el que nada de lo que existe (no sólo lo humano, sino lo mineral, vegetal, animal, espiritual y divino) nos es ajeno (estado que viven casi todas las mitologías indígenas, pero también muchas formas de practicar la espiritualidad, estén o no estén basadas en ellas), pero me parece que considerar todo lo humano como propio ya sería un buen comienzo para renacer de nuestra propias cenizas.

Ojalá empecemos por él..

 

 


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