2. Ser tú mismo.

La soledad también es una oportunidad de compañía, de hacerse cargo de todos esos yoes olvidados y excluidos que dejamos fuera del teatro del mundo. El contexto terapéutico es un marco íntimo y seguro, en el que es posible reconciliarse con aspectos que no nos atrevemos a sacar en ningún otro sitio, pero que tienen la mitad de la receta de nuestra plenitud. La otra mitad es vivirlos. La diferencia entre el contexto terapéutico y cualquier otro contexto que consideramos seguro es una variable llamada conciencia.

La relación íntima saca siempre lo mejor y lo peor de nosotros mismos, pero de una forma inconsciente.  La relación terapéutica lo saca también, pero de una forma ordenada, y con una mirada consciente y sin juicio. Aquello que llamamos sombra y que ponemos bajo la alfombra por miedo a ser juzgados y excluidos,  no es otra cosa que la proyección de la resistencia a dejarnos atravesar por nuestra propia luz.  O como dijo Jung: Dios proyecta una sombra tan grande como si mismo. Conocer tu sombra es conocer aquello que has excluido de ti para volver  completarte.

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