Disfunciones Sexuales

” (….) Resulta preocupante la confusión y arbitrariedad con la que alguien acude a figura del Sexólogo. La mayor parte de las veces acude derivado por otro profesional que tampoco conoce exactamente en que consiste el tratamiento sexológico o empujado por otro miembro de la pareja, cuando este existe. Cuando lo hacen, a menudo vienen muchísimo después del origen de la problemática, cuando la afección sexual está tan unida o ha afectado tanto a otros aspectos de su vida o de su relación íntima, que llegan completamente desalentados o están a punto de tirar la toalla. Acuden, la mayor parte de las veces, solos, acomplejados y cargando con todo el peso de una culpa que ha sustituído el valor y el poder de la responsabilidad, bajo una capa de  vergüenza y secretísimo que les hace sentir, antes incluso de hablar de lo que les pasa, un caso perdido. Dan cosas por sentadas, influídos en su mayor parte por la desinformación popular y masiva que circula respecto a las materias sexuales.

Cuando se habla del problema se descubre frecuentemente que están intoxicados de arquetipos sexuales irreales y nocivos, construidos por una sociedad de consumo que trata el sexo como otra mercancía de intercambio. Siguen modelos pornográficos y/o publicitarios que no crean más que ilusiones y falsas expectativas en torno a un sexo imaginario y mental que cada vez está más lejos de la dimensión emocional y humana del sexo orgánico, es decir, el natural que a cada uno le es propio. Nadie sabe lo que significa su propia Sexualidad. En cambio se vive una sexualidad plana, vacía, hueca, importada, que se reproduce de unos a otros en un copiar y pegar inconsciente y obsesivo- compulsivo.

Muchas disfunciones sexuales de origen psicógeno y no fisiológico,  no tienen una etiología exclusivamente intrapersonal o educativa o relacional sino que presentan características de todas ellas en una linea transversal que las cruza y cuya naturaleza es psico-socio-cultural. En gran medida simbolizan y materializan a la vez la protesta y la negativa del cuerpo a copiar parámetros sexuales atávicos que no le pertenecen. La misma palabra disfuncional nos habla de este prejuicio, como si la Sexualidad o el Sexo fuera un tipo de máquina que tuviera forzosamente que funcionar en cualquier contexto.

Es muy común que ante una situación como esta se creen dinámicas y espirales conflictivas en el que uno ambos componentes de la pareja se sientan avergonzados o se echen, o bien a sí mismos o bien al otro, la culpa. Hay una gran presión social y cultural alrededor de cómo y de qué manera debe comportarse sexualmente un hombre y una mujer, que además, como si esto no fuera poco,  se hayan distorsionadas y alejadas de la realidad subjetiva de cada pareja, que por supuesto es individual, personal, única e intransferible.

La primera y más importante tarea del Sexólogo es desmantelar este programa de lo que significa ser funcional o disfuncional sexualmente a nivel socio-cultural,  para discriminar hasta que punto el cliente está viviendo o no su sexualidad orgánica, y de que forma el tipo de sexualidad que vive afecta la calidad de sus relaciones y de su vida íntima. Para esto es necesario separar el componente funcional o disfuncional socio-cultural de las disfunciones sexuales de las necesidades y posibilidades reales del cliente,  analizar como están conectados y ver en que medida es posible rescatar su sexualidad orgánica, es decir, aquel tipo de Sexualidad que emerge de ser fiel a sus características físicas. sexuales, emocionales  y mentales. Es decir, trabajar con cada cliente, no sólo para curar lo que parece disfuncional de su sexualidad, sino para descubrir y reforzar todo su potencial de expresión, variabilidad y goce (….)

Al desmitificar todos los estereotipos sexuales, es decir, al abandonar las creencias populares que ejercen esa tremenda presión sobre todos nosotros, y traerlo a la esfera personal, conseguimos disminuir una nada considerable cantidad de ansiedad y stress. Hay una gran porcentaje de esta ansiedad y stress que tiene en su origen el no ser capaz de cumplir con las expectativas sociales y culturales creadas alrededor de la sexualidad, que vuelvo a repetir, es un viaje personal, íntimo e intransferible. Al hacernos cargo de nuestra propia sexualidad, es decir, a redescubrir, a veces descubrir, a través del dialogo con nuestro cuerpo, cual es nuestro propio pulso, ritmo, gusto, se revela ante nosotros un potencial antes desconocido. Esto se hace aún más verdad cuando nos damos cuenta hasta qué punto nuestra sexualidad dependía de cumplir deseos y expectativas que nunca elegimos o nos dieron a elegir. Es en este sentido donde la supuesta enfermedad o disfunción puede convertirse en un verdadero aliado o billete en un viaje de solo ida en el autodescubrimiento (….)”.*

* Texto extraído del capítulo,  “Ser Sexólogo Hoy”, de mi  Tesis:  “Competencias y Desafíos de la Sexología: Hacia un Estudio y Vivencia Integral de la Sexualidad Humana”. Todos los derechos reservados. 

 

 

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