Disfunciones femeninas

A lo largo de la historia, tanto el hombre como la mujer han visto coartada su sexualidad a través de las creencias socio-culturales que han premiado o castigado determinados roles sexuales dependiendo si están en consonancia con el imaginario colectivo de cualquier sociedad. Es importante darse cuenta de hasta que punto estas creencias han modelado el patrón de las disfunciones sexuales tanto masculinas como femeninas y hasta que punto aún lo siguen haciendo ejerciendo una completa tiranía tanto sobre nuestros deseos como miedos y expectativas.

Desde un punto de vista histórico parece lógico pensar que de esta tiranía, es la mujer la que se ha llevado la peor parte. Relegada a un papel  pasivo y sumiso, la mujer no sólo ha  sido forzada a desconectar del inmenso poder placentero y transformador implícito en su propia sexualidad,  sino también a amoldarse y plegarse a una sexualidad masculina  dominante que, analizada en profundidad,  tampoco resulta genuina. En este sentido, hombres y mujeres de la actualidad sufren igualmente, aunque ni siquiera lo sepan, por motivos parecidos. A los unos y a los otros se les ha educado o forzado a vivir un tipo de sexualidad estereotipada que no contempla la necesidad de variedad, riqueza, especificidad y diferencia.

El resultado es que las disfunciones sexuales femeninas están caracterizadas psicológica y arquetípicamente por el patrón que históricamente las ha polarizado. Este patrón histórico se caracteriza por un tipo de sexualidad socio-cultural, exenta de un deseo genuino, sin respeto a sus propios ciclos y ritmos sexuales y camuflada en un rol de sumisión y complacencia en el que el derecho al goce  auténtico y la expresión de su capacidad erótica y orgásmica ha quedado en segundo plano. Prácticamente casi todas las disfunciones sexuales femeninas que se describen aquí son distintas modalidades de este arquetipo de sumisión, ignorancia y  negación de su propia sexualidad, actualizadas de un modo u otro a través de su propia personalidad y situación relacional.

Resulta interesante que casi todas las disfunciones sexuales femeninas no sólo tengan su correlato en una disfunción sexual masculina, sino que psicológicamente aparezcan cuando hay una dinámica relacional en la que se vive consciente o inconscientemente alguna variedad de este patrón histórico que ha condicionado tanto a hombres como a mujeres. Es decir, cada vez que se detecta una disfunción sexual femenina, al analizar tanto las creencias, miedos y expectativas, la educación sexual  y  la relación de la dinámica sexual,  encontramos también, en el otro lado, ya sea introyectado como de una forma real o explícita,  un rol sexual masculino condicionado psico-socio-culturalmente que no deja, aunque no se haya manifestado en una disfunción sexual, que la mujer descubra y exprese la sexualidad que verdaderamente le pertenece.

No quiere decir esto que la pareja de una mujer con cualquier disfunción sexual tenga la responsabilidad indirecta o compartida de esta disfunción, pero si se presta atención a la dinámica sexual se descubrirá frecuentemente que el rol sexual masculino dominante que asume guarda cierta relación con el rol sexual femenino dominante que hay detrás de cualquier disfunción.

Cuando se trata de disfunciones sexuales, la línea entre quien experimenta la disfunción y quien la sufre de una forma pasiva es tan delgada que no podemos tratarla de una manera aislada, sino que se hace necesario un abordaje conjunto. Sobre todo si tenemos en cuenta que las causas de cualquier sintomatología sexual a menudo echa raíces en la forma en la que está estructurada la misma relación de la pareja, no solo desde un punto de vista sexual, sino emocional y psicológico. Son muchos los factores que influyen y que hay que tener en cuenta, porque actúan de una forma interdependiente, potenciándose los unos a los otros, tanto para bien como para mal.

Por esta razón, un abordaje integral psico-dinámico y psico-sistémico resulta imprescindible para desenmascarar tanto los estereotipos sexuales masculinos como femeninos que están impidiendo el disfrute de una sexualidad que ambos puedan sentir  y experimentar como una experiencia plena, profunda, vivificante  y llena de sentido.

 

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