Trastornos de la excitación

Los trastornos de la excitación son comunes tanto en hombres como en mujeres, y se dividen en dos espectros: Trastornos de la excitación por exceso y trastornos de la excitación por defecto. Aunque ambos tipos de trastornos causan disfuncionalidad y malestar en el desempeño normal de la sexualidad, el más frecuente tanto en mujeres como en hombres es el trastorno de la excitación por defecto.

El trastorno de excitación por exceso en hombres como en mujeres es mucho menos frecuente que su homónimo por defecto. A menudo se confunde con la hipersexualidad, cuando no necesariamente se manifiesta junto con ella. La hipersexualidad es una condición anormalmente elevada o sobrestimulada de la sexualidad que suele manifestarse tanto en orden fisiológico como psicológico. Su curso implica todas las fases del ciclo de la respuesta sexual, no solo la excitación, aunque suele confundirse con esta fase debido a los síntomas fisiológicos inequívocos que la acompañan. Mayoritariamente no implica ni significa necesariamente un problema a no ser que cause disfuncionalidad y malestar tanto en el desempeño de una sexualidad sana y saludable como en otros ámbitos de la vida.

En cambio,  el trastorno de la excitación por exceso tanto en hombres como en mujeres es específico de esta fase y no se relaciona necesariamente con ningún deseo sexual hacia un objeto/sujeto específico o situación sexual. Suele causar un malestar significativo debido a las respuestas y reacciones fisiológicas y psicológicas que están asociadas al mismo, ya que suelen producirse en contextos aleatorios y en momentos cuya significación no es necesariamente sexual pero que provocan una sexualización,  la mayor parte de las veces no deseada,  de cualquier contexto  o situación en el que se produzca. Cuando esto es así se hace necesario establecer tanto un correcto diagnóstico  transversal diferencial de las causas y factores adyacentes como de un tratamiento específico y ajustado a ese mismo diagnóstico

En los hombres,  al trastorno de excitación por defecto se le llama específicamente disfunción eréctil o impotencia, mientras que en las mujeres no tiene un nombre específico o se conoce vulgarmente como falta de excitación, probablemente debido a los muchos condicionantes histórico-socio-culturales que han eclipsado el estudio y el conocimiento de las fases del ciclo de la respuesta sexual femenina. Afortunadamente, esa tendencia ha ido remitiendo en los últimos 50 años dentro del ámbito de la Sexología, de manera que hoy en día hay muchos más estudios acerca de los ciclos y disfunciones de la respuesta sexual femenina que de la masculina.  Aunque este trastorno no es el de mayor incidencia en el espectro de las disfunciones sexuales femeninas, si presenta los suficientes casos en clínica como para que se estudie  tanto su etiología como su tratamiento. Para especificar ambas vertientes, es necesario contar de base con un amplio conocimiento del ciclo de la respuesta sexual femenina.

La respuesta sexual femenina coincide con la respuesta sexual masculina en que tiene un mecanismo bifásico, aunque por regla general es mucho más lenta y progresiva. Una respuesta vasocongestiva local, por un lado, regido por el sistema nervioso autónomo parasimpático, y un componente orgásmico que es fundamentalmente muscular, y que rige el sistema nervioso autónomo simpático. O dicho muy simple, tanto las mujeres como los hombres pueden excitarse independientemente de su respuesta orgásmica, o pueden también llegar al orgasmo, aunque este caso es más raro, independientemente de su excitación. En el caso del hombre, la vasocongestión de los vasos sanguíneos del pene provocan una erección del todo visible. No hay confusión posible sobre esta respuesta sexual. En el caso de la mujer, la excitación no es tan visible, aunque se acompaña de una respuesta clara para quien sabe leerla. La respuesta vasocongestiva en la mujer se caracteriza por una lubricación vaginal, la hinchazón y coloración de las paredes vaginales, y del cuerpo en general (lo que se llama ponerse roja) y la formación de la plataforma orgásmica al producirse la elevación del útero. Como regla general, el proceso vasocongestivo y la excitación subsiguiente es mucho más lenta que en el hombre y requiere de más tiempo y dedicación, aunque no en todos los casos.

Por lo tanto, es obvio que el bloqueo de la respuesta vasocongestiva en el hombre produce la disfunción eréctil, o lo que llamamos impotencia, mientras que en la mujer produce una inhibición general en la excitación, que se ha venido a llamar, del todo erróneamente, frigidez.  También, al igual que cuando hablamos de la respuesta sexual vasocongestiva, la respuesta sexual orgásmica femenina es, por regla general,  más gradual y más lenta. La excitación en la mujer va como a olas de distinta intensidad y grado, mientras que en el hombre sigue más bien una lógica lineal ascendente hasta que culmina bruscamente, necesitando un tiempo variable de reposo y recuperación. A modo general diremos que las fases objetivas del ciclo de la respuesta sexual de deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución difieren notablemente en una mujer o en un hombre en grado, velocidad, y ritmo.

Es importante entender el origen de la respuesta bifásica sexual,  porque al contrario que en el hombre, donde la distinción entre disfunción eréctil y eyaculación precoz o retardada está más que clara, en la mujer se confunde una cosa con otra, metiéndolo todo en un paquete que todavía se llama erróneamente frigidez. Una mujer no es frígida así como un hombre no es impotente. Estos calificativos son juicios socio-culturales que no definen ninguna disfunción sexual seria y objetivamente, sino que expresan roles y expectativas que hemos heredado y que han pasado de generación en generación. Así pues, lo más importante es aprender a poner tierra de por medio de estos juicios, y llamar a las cosas por su nombre. No hay forma de llegar a un tratamiento adecuado si no se infiere un diagnóstico que sea igualmente objetivo como personalizado. Una vez que nos enfocamos en los componentes tanto objetivos como personales del problema, es difícil no llegar a una solución satisfactoria.

La falta de excitación en la mujer es el tipo de trastorno por defecto de la excitación sexual más frecuente, aunque sigue siendo el menos frecuente dentro del espectro de las disfunciones sexuales femeninas.  Presenta tres posibilidades: trastorno subjetivo de la excitación, trastorno de la excitación genital, o trastorno combinado de la excitación subjetiva y genital,  de las cuales el más común es el combinado, que requieren de distintas aproximaciones de tratamiento psicoterapéutico y farmacológico. Lo habitual es que estos tres tipos de trastornos  varíen o se combinen a lo largo de su curso desde que comenzó. También es habitual que un trastorno en la excitabilidad conduzca a una falta de deseo que termina derivando en una aversión sexual. También puede pasar que un deseo hipoactivo termine causando no sólo un trastorno subjetivo de la excitación sino un trastorno de la excitación genital, o que una aversión al sexo cause o tenga como concomitantes tanto un deseo hipoactivo como un trastorno en la excitabilidad. Dada la complejidad de la respuesta sexual femenina, la comorbidad de los síntomas y la superposición de las causas es mucho más variada que cuando nos enfrentamos a un trastorno masculino, que suele tener un componente más aislado y unidireccional.

En esencia la etiología del trastorno de la excitabilidad es similar a la del deseo sexual hipoactivo, encontrando casi las mismas variables orgánicas como psicógenas. Sin embargo, a excepción del trastorno subjetivo de la excitación, cuya etiología es más análoga al deseo sexual hipoactivo, el tratamiento farmacológico, en el caso de un trastorno de excitación genital,  es mucho más específico, al poder incidir ya sobre síntomas mucho más objetivos.

Entre los factores psicológicos que pueden causar un trastorno de la excitabilidad destacan un mal aprendizaje, situaciones traumáticas como agresiones sexuales o fuertes convicciones religiosas. También, al igual que el deseo hipoactivo, factores de componente relacional o diádico, como una mala relación de pareja, o una pareja a la que ya no se desea. Entre los factores orgánicos más comunes encontramos afecciones como la diabetes, infecciones urinarias recurrentes, déficit estrogénico, alteraciones vasculares pregenitales e ISRS como la fluoexetina que disminuye la sensibilidad genital. Recientemente se ha comprobado que el tabaco también disminuye  de forma relevante la respuesta ante estímulos eróticos.

Una vez detectados los factores desencadenantes del trastorno de excitabilidad en la mujer, ya sea por exceso como por defecto, se hará necesario un análisis de cómo influyen y se manifiestan en la inhibición o la exacerbación del componente erótico para que pueda vivirse una sexualidad completa y sana tanto a nivel individual como en el tipo de relación deseada, para realizar un tratamiento adaptado a las circunstancias y especificidad de cada caso.

Este tratamiento pasará, en el caso de un trastorno de excitabilidad por defecto,  por una potencialización de la erotofilia a través del aprendizaje y la práctica de una erotología enfocada a aumentar la sensibilidad y la profundidad del deseo erótico y del placer subyacente a un encuentro sexual pleno y gratificante. En el caso del trastorno de excitabilidad por exceso será necesario un proceso de desensibilización sistemática en el que se pueda desvincular las reacciones fisiológicas  y las sensaciones eróticas espontáneas de un contexto no necesaria o directamente sexual, sin que haya necesidad de sexualizarlo, volviéndolo disfuncional  o incómodo para nosotros o para el ambiente que nos rodea.

 

 

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