Cuerpo y Conciencia: Integración de la Entidad Humana.

En mis sesiones individuales siempre empiezo con la pregunta: ¿Qué quieres?  ¿Por qué has venido aquí?  ¿Qué te ha traído aquí?

¿Por qué?:  Porque me da un indicador de dónde y en qué nivel de búsqueda evolutiva está la persona.  Cuales son los ejes sobre los que giran las ruedas que mueven su vida. Me ayuda a discriminar entre quien viene a trabajar, a poner la conciencia en algo en concreto (cuanto más concreto mejor, aunque luego el proceso se extienda a y profundice en otros aspectos), y quien está sólo probando, y no hace más que picotear aquí y allá: Materialismo espiritual.

La pregunta que hago es crucial  porque nos da (tanto a mí como a mi cliente) dos coordenadas: Dónde estamos realmente y dónde queremos estar. Estas son las dos cosas que nos interesa saber, y quizás las únicas que podemos y debemos saber antes de iniciar un proceso psicoterapéutico.

Y es fundamental aceptar con amor y ecuanimidad la validez de ambas. Sin estas coordenadas no es posible hacer el viaje interior, que en sí es lo que nos va a hacer evolucionar.

Cabria preguntar que es el cuerpo, que es la conciencia, que es la integridad. Intentar definir estas nociones intelectualmente no vale de nada. Hay que conocerlas in situm. El mundo espiritual, en especial en mundillo “Nueva Era”, está lleno de ítems y conceptos manidos  que no valen religiosamente para nada. Que están perfectamente huecos.

Lo que nos interesa de estos nombres es lo que significan en los centros de conciencia más relacionados con la tierra, con el cuerpo, con la vida directa, y estos son tanto el centro de la sensación como el de la emoción-sentimiento. Es decir,  la relación corporal que tenemos con ellos.

Tanto la conciencia como su manifestación en una forma, en un cuerpo,  siguen siendo un misterio. Nadie aun,  a día de hoy, ni siquiera quizás el maestro que más ha hecho por conocerlos, G.I. Gurdjieff,  sabrían definir lo que es una cosa y otra. Y creo que tampoco nos interesa.

Sin embargo,  podemos conectar  tanto con la conciencia como con el cuerpo a través de su relación. De la sensación de ser un cuerpo habitado y auto-consciente, y también de ser una conciencia, o un ente auto-consciente que tiene consciencia de sí mismo siempre (y recalco esto: siempre) a través de un cuerpo.

Lo que quiero decir aquí no es nuevo, significa lo mismo que la máxima budista forma es vacio- vacio es forma. Es decir, cuerpo es conciencia y conciencia es cuerpo. Aunque pueda y deba (en otros niveles de existencia) haber un tipo de conciencia sin cuerpo ( aunque halla otros tipos de cuerpos infinitamente más sutiles), y también, un tipo de  cuerpo sin conciencia ( en realidad,  conciencia en su variante inconsciente).

La conciencia pura, el Yo Absoluto,  libre del cuerpo y otras delicias que se anuncian en el camino ad-vaita, aun siendo realizable (o conquistable), queda lejos del proceso psicoterapéutico, porque este camino está en las antípodas de lo que aquí se propone: que es tanto la integración como la individuación en y a través de un cuerpo

Todas las pretensiones espirituales de llegar a una iluminación definitiva  y permanente, que trascienda, que supere, que deje atrás el cuerpo,  no nos interesan aquí. Aunque aporten, para mí este es su valor, la brújula, el norte, la meta y el anhelo, tan humano, de trascendencia. Casi todos los caminos o  escuelas espirituales orientales, en especial de la India, entran dentro de esta categoría, a excepción del determinados tipos de Yoga y por supuesto del Tantra. Pero vivimos en Occidente. Y la conciencia, el thelos occidental,  no se entiende sin su integración y transformación a través del cuerpo.

A ser posible, porque no siempre se puede,  el proceso psicoterapéutico puede dar lugar  y desembocar en otro más profundo y esotérico en el que se exploran y se acompañan los dos arcos del proceso creativo: el arco involutivo, la Kenosis o Encarnación, y el arco evolutivo, de  regreso, de integración.

Sencillamente,  porque esta es la Ley del Creador, e intentar volver a Él sin haber realizado la misión que nos ha encomendado: integrar todas las formas de conciencia o de manifestación en un centro estable a través de un cuerpo, de una historia, de una vida personal, es imposible. Como me dijo una gran amiga, maestra y  terapeuta: Dios está enamorado de las historias. Que tomen nota los ad-vaitas de una vez, y los adictos a no ser nadie.

La conciencia tiene muchas capas. Una de ellas es lo que Jung llamo el Inconsciente (tanto el Personal como el Colectivo). El Inconsciente es, digamos,  por simplificarlo mucho, la parte de la conciencia más bruta e indiferenciada, más relacionada con un sustrato universal e impersonal. No es que no haya conciencia, hay un tipo de conciencia primaria y no diferenciada. Como la de las piedras, p.ej. La otra parte del Inconsciente, la parte con la que quizás podemos más fácilmente trabajar, es el personal. La psicoterapia se centra en la integración del inconsciente personal dónde el esoterismo se centra en la integracion de inconsciente colectivo. Pero muy pocas personas llegan o necesitan llegar a este nivel.

Dado que el poder arquetípico del Inconsciente es casi irresistible debido a que todos llevamos en nuestra psique estas improntas psíquicas, es fundamental establecer una relación correcta entre el yo y el inconsciente. Cualquier desequilibrio entre uno y otro nos hará ser  o bien una mera personalidad desnutrida y desconectada de sus fuentes arquetípicas, y por lo tanto  inspiradoras, o bien una personalidad “mana” poseída por uno o por varios arquetipos, y por lo tanto, títere de su poder, pero sin un centro estable desde el cual manejarlos y relacionarse con ellos sin confundirse con los mismos.

Para establecer una correcta relación entre el yo y el inconsciente es necesario conocer todos los centros a través de los cuales se manifiesta la conciencia y nos relacionamos con la vida. Jung identificó 4, que denominó funciones: sensación, emoción, pensamiento e intuición.

Pero cuidado: es un grave error adjudicar al cuerpo sólo la función de la sensación. El cuerpo es siempre la forma de la conciencia, y esta forma, que es una forma de percepción, varía según el nivel, la profundidad y la extensión de la conciencia misma.

Cada nivel de conciencia se manifiesta a través de unos órganos y sentidos. No sólo tenemos órganos y sentidos de percepción físicos para la función de sensación de la conciencia, también tenemos órganos y sentidos emocionales, mentales e intuitivos para sus funciones correspondientes, que pueden estar más o menos atrofiados o hipertrofiados. No hay yogui riguroso que no haya comprobado esta ciencia dentro de su propio cuerpo.

Ahora,   y aquí volvemos al mayúsculo trabajo  realizado por Gurdjieff, no vale únicamente el conocer estos centros por separado. Normalmente funcionamos con una o dos funciones prescindiendo de las demás, o sin saber siquiera que existen.

El primer paso es siempre,  desde luego, discriminar como yo senso, siento, pienso e intuyo las cosas, es decir como fulanito se relaciona con el mundo a través de los sentidos, las emociones, los pensamientos y la intuición. Conocer mis puntos fuertes y débiles. Pero luego hay que conectarlos, hay que empezar a ensayar, en el sentido que se propone en las escuelas del  Cuarto Camino, el estar no sólo en un centro cada vez, sino en dos o en varios. Y también, empezar a darse cuenta poco a poco de la relación que mantienen entre sí, si están en armonía, o en conflicto, si se ayudan o se hacen la zancadilla.

La práctica de la atención sobre todos nuestros centros de conciencia,  y de su relación, es lo que nos va a posibilitar el acceso a la única iluminación  que aquí, en y dentro del mundo,  nos interesa: el conocernos de un modo íntegro y completo, lo cual no significa “Ser sin atributos”, sino conocer al dedillo cada uno de estos atributos, con el fin de ponerlos todos bajo el mando de un centro que trabaje para nuestro bien y para el del mundo.

De aquí que la integracion o integridad  de la entidad humana, como la llamaría  Rudolph Steiner en un capítulo de su Ciencia Oculta, no sea sólo un camino espiritual, sino el único camino genuinamente espiritual, el único que no se deja a nada ni a nadie fuera. Si el Espíritu lo es Todo, el camino espiritual ha de ser forzosamente un camino donde nada nos sea ajeno.

Cuando ponemos sostenidamente  la atención en cada uno de estos centros,  nos damos cuenta no sólo de la ilusión de la cohesión de la personalidad, de la multiplicidad y contradicción de nuestros muchos yoes, sino de que hay una considerable cantidad de energía atrapada en ciertos  complejos, arquetipos, creencias, dramas, traumas o dolores crónicos, que filtran nuestra visión y experiencia en todo momento, y que no hacemos sino repetir los mismos patrones y hábitos de movimiento, de conducta, y de todo tipo, que no tienen otro fin más que mantener esta servidumbre.

Esto es muy frustrante, y es lo que hizo que Gurdjieff pusiera tanto ahínco (demasiado a mi juicio) en nuestra condición de máquinas.  Pero esta frustración tiene una forma de liberarse.

La liberación de esta mecanicidad a la que estamos sometidos pasa forzosamente a través de un árduo y largo  trabajo (que nadie se engañe) de auto-observación, de experimentación, de autoconocimiento y de integración. Cuando poco a poco conseguimos integrar todos estos centros de conciencia bajo el auspicio de un centro estable (metáfora del carruaje, caballo, cochero y amo) se libera una considerable cantidad de energía atrapada en uno o en varios de estos centros, que teníamos invertida en hábitos, complejos  y  dramas. A esto es a lo que yo llamo Liberación del Potencial Creativo (LPC), porque es una energía disponible, un espacio abierto a la energía.

Métodos y caminos para lograr la integración (de la entidad humana) y la liberación de su potencial creativo hay muchos. No todos serios. La oferta crece cada minuto. Personalmente creo que el mejor marco teórico para lograrlo se realiza que través de una integración de la psicoterapia y el esoterismo, concretamente de las mejores y más rigurosas escuelas de psicoterapia y esoterismo.

Para el marco práctico me inclino por las prácticas corporales, empezando por las más simples y evolucionando a las más complejas. En mi periplo he experimentado y utilizado distintas técnicas de masaje, respiración y danza y estudiado las obligatorias y olvidadas confluencias entre la sexología,  el tantra y el chamanismo.

Pero allá cada cual.

Lo esencial, no importa el camino que emprendamos para conseguirlo, es comprender  que a través de este u otros trabajos de integración (de la entidad humana) y liberación del PC asediamos o acechamos (en términos toltecas) cada vez más intensa, profunda y extensamente todos nuestros hábitos, es decir, nos volvemos conscientes de ellos, y la  necesidad de vivir de una forma íntegra se hace indispensable.

Íntegra significa aquí  creativa, total, real, genuina, sin artificio. Significa libre, ejerciendo tanto la autoridad, el poder,  como la voluntad interna.

Por eso se hace indispensable saber lo que uno quiere, y si no se sabe,  preguntárselo, en vez de pasarse la vida preguntando a los demás que es lo que uno debería hacer, o que tipo de terapia o de práctica espiritual está de moda, de rebajas, o de temporada.

Preguntárselo, cuestionando y observando la diferencia entre dónde estamos y donde queremos estar (verdaderamente), pero viviendo el proceso, o el viaje, supuesto el caso de que nos decidamos a emprenderlo, desde el amor y la aceptación del material del que partimos.

*Texto actualizado  extraído de la conferencia Cuerpo y Conciencia: La Integridad como camino espiritual. 2010.


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