La sociedad distópica

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Fotograma de Blade Runner

Compartía un querido hermano, hace pocos dias, en un audio, desde la selva colombiana,  su sentir particular ante el coronavirus. Una de las cosas que nos contaba a algunos hermanos y a mí, y que me gustó especialmente, era que uno de los abuelos (chamanes)  con los que recibía medicina, uno de sus maestros, solía llamar a la new age la oscuridad brillante. Creo que el simil se explica en si mismo, pero daré mi propia interpretación.

Para mi la oscuridad brillante de la new age es un tipo de oscuridad disfrazada de luz, es decir, de todo tipo de consignas pseudo-espirituales, las cuales se apropia el nivel de ego de cualquier persona, paralizando su evolución hacia las estructuras transpersonales (posteriores al ego), impidiendo la integración de las estructruras prepersonales (anteriores al ego), que no nos deja ver la realidad objetiva que tenemos delante, ni por cierto, la verdadera realidad de nuestro interior.  Es una oscuridad ciega y sorda a la necesidad constante de atención y de trabajo interno y externo sobre todas las circunstancias de la vida, en todo tiempo y lugar. Es una oscuridad que brilla, llena llenita de farolillos y de fuegos fatuos,  pero es una oscuridad, porque no discrimina.

La discriminación es una de las virtudes de la verdadera luz espiritual, entre otras muchas. Y era y es una de las facultades del Espíritu Santo. Y es una norma sagrada en la práctica del Esoterismo serio, donde es tan facil confundir las fuerzas luminosas con las fuerzas oscuras,  si esa virtud no se ha desarrollado. La discriminación es indisociable de la verdadera práctica espiritual. Pero en el mundo de la new age, nadie habla de ella. Se confunde el amor (que es un trabajo alquímico sagrado a tiempo completo que requiere atención, intención, autenticidad, tiempo y esfuerzo) con los distintos niveles de nuestro deseo, querencia, y a veces, de nuestra mera fantasía.  El amor de la new age es un tipo de amor narcisita, escapista, que no es realista, que mira hacia otro lado,  o que solo se ocupa de si mismo en el nombre de un “desarrollo personal” que es el último tentáculo de un pulpo individualista que nos tiene a todos cogidos por los huevos.

¿Que es necesario entonces discriminar? Pues, en primer lugar,  el tipo de mundo y de sociedad en la que vivimos, en sus distintas capas, de las más superficiales a las más profundas, pero no desde nuestra subjetividad (que sólo puede, en el mejor de los casos, analizar el nivel de profundidad de su propio ombligo) sino desde una objetividad creciente. De hecho, la evolución hacia el ámbito transpersonal de la conciencia humana implica la integración de la inevitable subjetividad del yo del ser humano con el conocimiento objetivo de las leyes del cosmos, para desarrollar una relación armónica entre lo subjetivo de ser yo  y lo objetivo de estar en el mundo.   El grado de discriminación de una persona dependerá del nivel auténtico de su desarrollo espiritual, no tanto de sus capacidades cognitivas, aunque esta herramienta haya de usarse también. En segundo lugar, y como prolongación orgánica de esta primera discriminación, es necesario discriminar cual es mi lugar en ese mundo, que es lo que me pide subjetivamente el Espíritu para colaborar objetivamente en la evolución de todos. Este es el verdadero significado de lo que se llama propósito, y que tan facilmente se confunde con los logros y las aspiraciones personales (proyección, en su mayoria, de carencias, necesidades y deseos insatisfechos que pululan sin orden ni concierto en el nivel prepersonal) que no tienen en cuenta su integración con la realidad objetiva.

En este artículo quiero hablar de esta primera discriminación, no de la segunda (para la que ya encontraré tiempo y lugar). Discriminar el tipo mundo en el que vivimos. No hablo del mundo creado por lo divino, sino el creado por la mente del ser humano, una mente que, en su gran mayoria,  se ha disociado,  y he aqui el peligro, de las otras dimensiones y realidades que componen la entidad humana (su biología, su emocionalidad, su espiritualidad y su divinidad).  Es decir, una mente tan separada de sus otros aspectos, que ya los está empezando a negar, como veremos a continuación. De hecho, ambos mundos, el creado por lo divino,  y el creado por la mente disociada,  parece que divergen en direcciones contrarias. El mundo creado por la mente  disociada del ser humano ha ido alejándose de las leyes naturales hasta arribar a una especie de punto ciego en el que el panorama parece ser su desembocadura en una sociedad distópica.

No soy el único que contempla el advenimiento de este tipo de  sociedad. De hecho,  las ideas que voy a exponer aquí son una especie de síntesis de algunos artículos que se pueden leer en el proyecto  consciencia y sociedad distopica que dirige Emilio Carrillo,  en colaboración con muchas otras personas. Los que la contemplamos (hay, por supuesto quien no solo no la contempla, sino a quien esta clase de mundo se le antoja una utopía), sabemos perfectamente que la realidad supera a la ficción en este asunto. La sociedad distópica ha tenido sus profetas pasados (seres humanos que la anunciaron a través de la ficción) y tiene sus profetas actuales (que la denuncian a través de la filosofía, la ciencia, la educación, la espiritualidad e incluso la tecnología). Como escribe Arnau Berenguer en su artículo Las distopías: una crítica al presente desde un futuro indeseable. entre los precursores podemos encontrar a Aldous Huxley (Un mundo Feliz), George Orwell (1984), Ray Bradbury (Farenheit 451) o Philip K. Dick (cuya adaptación al cine de su obra  ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? en la película Blade Runner, le dio a conocer al gran público). Posteriormente, la industria cinematográfica empezó a cultivar el género distópico, adaptando no solo estas obras literarias sino otras muchas. Entre ellas encontramos  “La fuga de Logan”: Logan’s run (de William F. Nolan y George Clayton Johnson, 1967). El cómic V de Vendetta (Alan More, 1982-1985) que dio lugar a la película de V de Vendetta (James Mc Teigue, 2005). Este comic fue una respuesta al Tatcherismo (y a su doctrina del 33%, según la cual para gobernar eficientemente cualquier tipo de gobierno tenia que excluir las necesidades del 33% de la sociedad). Gattaca (de Andrew Nicol, 1997). “Battle Royal”: Batoru Rowairu (de Koaushun Takami, 1999), novela que el realizador japonés King Fuk elevó en el 2000 a película de culto. Minority Report (de Steven Spielberg, 2002).“La isla”: The island (de Michael Bay, 2005). Y ya en el apartado de series las famosas y conocidas por todo el mundo,  Black Mirror (de Charlie Brooke, 2011 a la actualidad) y “El cuento de la criada”: The Handmaid’s Tale (2017), adaptación de una novela de 1985 de Margaret Atwood.

El contenido de esas obras parecería una ficción completamente independiente  y lejana de la realidad de no ser por que contamos con muchos profetas actuales que nos dicen lo contrario, la mayor parte de los cuales son filósofos y pensadores de renombre que llevan años analizando el sistema de control mental “blando” (parece ser que hay otro  sistema de control mental duro,  espeluznante, pero ya llegaremos allí) con las que las estructuras de poder, las instituciones y los mass media disocian y preparan la mente del ser humano para deshumanizarla y alienarla, es decir, para recibir y acatar órdenes con cada vez menos grado de discriminación, oposición y confrontación. Este programa de control mental blando es muy complejo, pero se desarrolla desde que nacemos hasta que morimos, e implica casi todas las necesidades básicas de las que  depende el crecimiento y el desarrollo de un ser humano:  la alimentación, la vivienda, la educación, la sanidad y el trabajo. Su objetivo es alienarnos y mantener al ser humano presa del círculo vicioso de la lucha por su propia subsistencia, sin tiempo y espacio para desarrollar su verdadero potencial. Este círculo vicioso no sólo imposibilita nuestra evolución y el desarrollo de todas nuestras potencialidades físicas, emocionales, mentales y espirituales, sino que degrada cada vez mas nuestra relación con nosotros mismos, con los demás y con el entorno, alienándolas. Entre estos profetas actuales se encuentran nombres como Gabriel Albiac, Franco Bifo BerardiByung-Chul Han, Zygmunt Bauman,  el controvertido  Yuval Noah Harari (controvertido porque anda a caballo entre la utopía y la distopía del futuro tecnológico que profetiza), Jaron Lanier, el curioso caso de Eugeny Morozov (un ciberutópico convertido), José Luis Vázquez Domènech (un sociólogo emboscado en el sentido que escribió Ernst Junger, por cierto, otro profeta), el mismo Emilio Carrillo y Manuel Lopez Arrabal, un periodista poco conocido, que lleva años investigando la agenda oculta de la élite (los así llamados Illuminati) y la instauración del así llamado Nuevo Orden Mundial, y cuyos artículos están en la página web antes mencionada. Son artículos muy duros de leer, que te revuelven las tripas,  con información no facilmente contrastable (como pasa siempre con estos temas que son tachados todos como teorías de la conspiración sin más ni más,  y sin distinguirlos  unos de otros) y que, como minimo, desatan polémica,  porque hablan de un tipo de realidad que queda por completo fuera de nuestro campo de conciencia, pero que,  a mi juicio, por duro que resulte,  hay que conocer, o darle el beneficio de la duda razonable.  Quiero centrarme en los artículos de Arrabal no tanto porque esté de acuerdo con todo lo que dice en ellos, ni porque sus fuentes o él mismo me parezcan fiables (algunas no me lo parecen, por ejemplo)  sino porque confirman cosas que he estudiado en mis lecturas esotéricas y /o que he sentido en mis intuiciones espirituales.

Creer o no en una élite oculta,  que posee una agenda oculta (pero inflexible) desde los albores del mundo, para transformarlo en una especie de mercado libre de ganado cibernético cuyo objetivo final es el transhumanismo (luego explicaré en que consiste), es opcción de cada cual. Más alla de teorías conspiranoicas y/o de proyecciones psicóticas (que las hay también, y muchas por cierto), creo que hay fundamentos de base bastante sólidos que lo corroboran. Pero hay que buscarlos y separar el grano de la paja, lo cual, en este mundo tan saturado de información e hiperconectividad (la tempestad de mierda, como la llama Byung Chul Han), no resulta fácil.  Obviamente, los programadores y programas del control mental blando (que es al que nos someten a nosotros),  han hecho y hacen tan bien su trabajo que a la mayor parte de la gente,  el tema de la élite y su agenda, le parecen los delirios de un esquizofrenico paranoico. Pero hay señales para, como poco, estar atentos. No es mi camino ni quiero investigar ni profundizar en ese material (para eso ya hay otros escritores, periodistas e investigadores) pero sí que puedo sintetizarlo. Segun uno lo sintetiza,  empieza a comprender por qué determinado tipo de información está perfectamente camuflada entre miles de bites de desinformación, control y entretenimiento (otra vez entre la tempestad de mierda). Si uno aparta su atención mental de estas distracciones  y su intención emocional de los programas de miedo que nos inoculan a tiempo completo, empieza a vislumbrar el complejo (pero oscuro) tejido de la realidad en la que estamos inmersos. Si además,  se ha desarrollado cierto grado de discernimiento espiritual que corrobora ese tejido, empiezan a coincidir las piezas.

Todas las tradiciones espirituales advierten sobre la existencia de fuerzas espirituales  oscuras contrarias a la evolución espiritual del ser humano. En la Kabbalah,  el grado de descripción de estas fuerzas, de su génesis y de su función,  es extremadamente detallado. Son el resultado tanto del desequilbrio de las mismas Sephirots,  como del Shevirat Hakelim o Ruptura de los Recipientes. El desequilibrio (por exceso o por defecto) entre las Sephirots y la Ruptura de los Recipientes,  es el origen de los Qlipots o Arbol Qlipótico, el inverso del Arbol Sephirótico. Aparte de los mismos cabalistas, la esoterista que mejor y mas ha hablado de la naturaleza del Arbol Qlipótico fue Dion Fortune, que fue formada durante años en Kabbalah como parte de su entrenamiento esotérico. El primer cabalista que habló de esta ruptura fue Isaac Luria, o el Ari. Como consecuencia de esta ruptura, un increible caudal de energia creativa ordenada,  se convirtió en energía caótica, caos del que se nutren muchas entidades espirituales, y que se refleja en nuestra incorrecta relación con la materia (utilizándola como un objeto inanimado y carente de espíritu divino), con nosotros mismos, con la naturaleza y con los otros. Consecuencia de esta ruptura es tambien que cada ser humano que encarna en este mundo tenga que colaborar en el Tikkun Olam o Restitución de la Shekiná, que es el Espíritu Divino manifestado (pero atrapado) en la materia, o en términos cabalistas, en la dimensión de Malkhut.  Es decir, la alquimización del mundo.  La realización de la Gran Obra.

En las antipodas de esta divinización de la materia que se propone en el Tikkun Olam, hay ciertas entidades espirituales que, desconectadas de su Origen Divino, se nutren de cualquier forma de caos y destrucción. Les han llamado con muchos nombres pero el nombre es lo de menos. Ahí están también. Yo personalmente no les doy mucha atención porque la atención confiere poder.  A nivel energético,  se nutren de los pensamientos y las emociones negativas que hay en  la Psicosfera de la Tierra, generadas en los cuerpos emocional y mental del ser humano. Esto lo he comprobado y experimentado varias veces por experiencia directa. A nivel físico (aunque energético también, por las implicaciones esotéricas que contiene) se alimentan de la sangre (esotéricamente, la sangre es  el vehículo material del alma humana), es decir, de su derramamiento,  sea a través de todo tipo de conflicto personal o colectivo, sea a través de sacrificios rituales (que sí, aunque sea un tema escabroso, desgraciadamente existen, sobre todo de bebés y de niños). Esto no lo he visto jamás (ni espero verlo nunca),  pero intuitivamente sé que es cierto. Esta práctica ritual sacrificial, que Arrabal y muchos otros no sólo reconocen como situada en un determinado contexto histórico, sino en todas las épocas de la historia y en todos los pueblos hasta nuestros dias, es la que llaman satanismo, y es una práctica, dicen,  muchísimo más extendida de lo que nos gustaría reconocer. Y no hablan, precisamente, de algunos adolescentes drogados jugando a la “guija” en su casa. Hablan de una práctica que constituye básicamente la religión (y el alimento espiritual) de la élite. Una élite cuyo núcleo duro se compone de unas 13 familias (personalmente sus nombres tampoco me importan, aunque se pueden encontrar en algunas páginas catalogadas como conspiranoicas), cuyas actividades se ocultan (por eso no se dan a conocer) en un tejido fractálico cuyos tentáculos incluyen a los principales sistemas e industrias:  sistema bancario, bursaltil y finaciero, político, judicial, armamentístico, farmacéutico, energético, tecnológico, educacional, informativo, pero tambien, actividades ilícitas relacionadas con actividades que siempre se han relacionado con la mafia o que se realizan a través de la mafia: el comercio con niños, la pederastia, comercio de órganos, prostitución, drogas, etc, todo en un esquema perfectamente organizado, estructurado y piramidal, en el que cada escalafón de poder de la pirámide tiene el conocimiento justo para realizar su función determinada, y en el que cada uno se somete al superior y domina al inferior. Hasta ahí todo bien. Puedo estar de acuerdo. En lo único que estoy directamente en desacuerdo con los artículos de Arrabal (y de muchas de sus fuentes) es la confusión con la que mete dentro del saco del satanismo a todas las escuelas esotéricas y de Misterios, sin distinción alguna entre sus fuentes históricas, teoricas y exegéticas, asi como transmitidas e inspiradas. Es decir, no distingue, ni él ni sus fuentes, lo que esotéricamente se conoce como el Camino de la Mano Izquierda y el Camino de la Mano Derecha.  Este saco “antiesosterista” se llevaría por delante a muchisimos maestros y personas anónimas que llevan siglos trabajando, pública o anonimamente, por la evolución del alma humana y el bien común. Pero eso daría para otro artículo bastante largo del que no me puedo ocupar ahora.

Bien. Dado que esta estructura piramidal es (por las muchas capas con las que se  cubre y se protege) intocable (aunque hay ex-miembros de la élite o personas que tienen contacto con ella que se han desprogramado y humanizado, en el sentido literal del término), mi crítica no está orientada ni mucho menos sobre ella (ya hay bastante gente que a mi juicio, malgasta su energía en vano, porque la élite está blindada ante cualquier ataque directo o indirecto, más si es directo),  sino sobre el sistema de creencias inhumano que intenta imponer en el conjunto de la sociedad. Pero antes de hablar de ello,  es necesario tener en cuenta un dato que no conocía, y asi lo expone Arrabal en sus artículos,  que  pone en tela de juicio la existencia de un mal en estado puro, o de que el ser humano pueda ejercerlo a través de acciones que se puedan clasificar de absolutamente inhumanas, y lo que es más importante, que este mal sea consecuencia del ejercicio de una voluntad libre en vez de programada y enajenada. Al menos  yo encuentro,  en este dato que voy a aportar a continuación, a pesar de lo duro que resulta, un rayo de esperanza. Según Arrabal, los propios miembros de la Élite se someten a ellos mismos, y a sus descendientes (la Élite tiene una estructura de propagación endogámica e incestuosa para conservar sus líneas de sangre) desde tiempos inmemoriales,  a un programa de control mental duro (nada que ver con el nuestro blando), parecido a los polemicos MK ultra de la CIA,  de deshumanización, o de disociación de la mente, no sólo de sus propias emociones, sino de su propia naturaleza espiritual, que produce un TID (trastorno de identidad disociativo, lo que antes se conocia como personalidad múltiple) en el que distintas personalidades creadas quedan bajo el control de ciertos programadores, programas y disparadores.  Esta disociación se produce a través del trauma (traumas que incluyen torturas inimaginables,  que les harán capaces de hacer, en su momento,  torturas inimaginables), de traumas inducidos o bien en el feto o desde que nacen, y son sistemáticamente repetidos hasta que la disociación es completa y las subpersonalidades están listas para seguir sus programas específicos según la función de cada una. Esto es lo que les hace capaces de hacer lo que hacen, y de ejecutar acciones psicopáticas, absolutamente disociadas del elemento emocional, desde la parte que ha sido programada para ello. Esta es una hipótesis interesante que cuenta también con material bibliográfico disponible para quien quiera buscarlo y juzgarlo con su propio criterio.

Evidentemente, dentro de la pirámide del poder (lo que ellos creen que es el poder, claro, yo lo llamaria simple deseo de dominación), no todas las personas que lo componen han sido manipulados así. Muchos de ellos, en escalafones inferiores de la pirámide,  no directamente relacionados con estas familias, llegan a disociarse debido a los traumas personales que han vivido desde niños. Lo que parece común, concluye Arrabal en su estudio, es la necesidad de que haya un componente traumático (inducido o no) para que el proceso de disociación pueda producirse. Arrabal pone el ejemplo de: “Ronald Bernard ex-banquero holandés, quien valientemente viene ofreciendo su valioso testimonio sobre cómo operan los 8.500 Illuminatis que dirigen el mundo. En abril de 2018 explica muy emocionado en el Tribunal Internacional de la Justicia Natural (como se puede ver en este vídeo) cuál fue su terrible experiencia vital desde niño y cómo fue escalando posiciones dentro del mundo de los negocios hasta llegar a codearse con los magnates más importantes de las finanzas a nivel mundial. Explica el gran daño psicológico que le hicieron, pero que él devolvió con creces al mundo, hasta que finalmente le ofrecieron participar en un ritual satánico con sacrificio de niños, momento que no pudo soportar y dio marcha atrás. Su economía multimillonaria se hundió rápidamente,  y su vida peligró durante un tiempo. Estuvo retirado y huido durante más de 8 años, hasta que se atrevió a hablar. Al final del vídeo, él dice que quiere ayudar a los miembros de la élite más poderosa a salir de donde están. Que los ama y que no les guarda rencor. Y que ellos necesitan nuestra comprensión y ayuda”. Personalmente, el vídeo, que resulta sobrecogedor por la crudeza y sinceridad de su testimonio,  me desmontó emocionalmente por un buen rato. Recomiendo mucho su visualización.

Volviendo al objeto de mi crítica, el sistema de creencias que quiere inculcar la élite al conjunto de la sociedad,  coincide sospechosamente con el ideal del transhumanismo. El fin último de su agenda es llegar a un transhumanismo en el que el ser humano deje de ser contemplado ( y tratado) como un ser de origen no espiritual sino material, cosa que ya denunció Rudolph Steiner que ocurriría,  hace mas de un siglo. De hecho,  el transhumanismo es el fin lógico de una filosofía científico-materialista en el que la conciencia  humana es sólo el producto de la evolución biológica, y por lo tanto, el colofón de su evolución, libre para disponer de esa biología (interior. es decir, su cuerpo,  y exterior, es decir, la naturaleza) a su antojo, que es como en su mayor parte ha venido haciendo.  Toda teoria científica que ponga el origen de la conciencia humana en una materia “inanimada”,  ha de abocar, necesariamente, por pura consecuencia,  en el transhumanismo. De hecho, las etapas de evolución,  según sus defensores son: materia inanimada, vida no consciente, humanidad, transhumanidad y posthumanidad. Lo que defienden los transhumanistas es, resumidamente, que el ser humano no tiene por qué verse confinado a los límites de la biología, que puede mejorar sus capacidades (cognitivas, pero no dicen nada de las emocionales ni afectivas, porque no las tienen en cuenta) con el uso de la tecnología, para liberarse de las limitaciones, del sufrimiento, del envejecimiento y en último término, de la muerte física.  En la agenda transhumanista, al principio, habría una necesaria fusión entre biología y tecnología, para después ir deshaciéndose de la biología hasta llegar al ideal de una conciencia humana eterna que vive no en un soporte biologico sino tecnológico, hecho en base de silicio, y por lo tanto, eterno. El becerro de oro al que adoran todos los transhumanistas es el sueño del dominio último de la muerte física. Lo llamo sueño porque esto es un contrasentido además de una locura completa,  si tenemos en cuenta como el esoterismo contempla la evolución de la conciencia humana. Sin muerte física, sin mortalidad, y esto nos lo enseña la simple mitología, estaríamos atrapados en el mundo de los dioses, invariable, donde no es posible que haya evolución alguna. Y no sólo eso,  el poder que se atribuía a los dioses olímpicos ya está literalmente en manos de un hombre que cree literalmente que puede jugar a ser un dios con la vida. No es casualidad que Homo Deus se llama una de las obras mas conocidas de Harari. La inmortalidad física humana, a través del uso de la tecnología, constituye un oximoron en sí mismo, al menos desde el punto de vista espiritual. El sentido de mortalidad es lo que verdaderamente nos une y, también, lo que sacraliza la vida. Sin la muerte, estamos abocados a una vida sin sentido. Sin sufrimiento, dificilmente sacaríamos lo mejor de nosotros mismos. El motor de la evolución humana es, precisamente, el saberse limitado y finito. Pero tambien es el motor de la compasión misma.  Un ser eterno e inmortal, dificilmente pueda ser compasivo. Toda la compasión budista está basada en la existencia de la verdad del sufrimiento, pero tambien, de la muerte. En este sentido,  coincido con Francis Fukuyama en que el transhumanismo es la idea más peligrosa del mundo.

Pero hay otra crítica moral que hacer a esta filosofía. Sus beneficios no serán para todos los que quieran (o quisieran) adorar a este becerro, aunque lo vendan así. Según Arrabal, una sociedad transhumana, se dividirá en superhumanos mejorados tecnológicamente y en infrahumanos sometidos tecnológicamente, que serán sus esclavos básicamente, aunque el nivel de control de su programa mental no les haga conscientes de ello (del mismo modo en el que ahora la mayor parte de la gente no es consciente, pero en un menor grado). Arrabal afirma que el transhumanismo es una ideología promovida desde la élite para dar el aldabonazo definitivo a las desigualdades entre pobres y ricos. No sé hasta que punto esto es verdad, pero tiene todo el sentido. Para llegar a su objetivo transhumanista, dice,  hay una agenda con fines muy concretos como lograr el fin de la maternidad natural, la virtualización del sexo (una realidad ya consumada en paises como Japón), el agotamiento y monopolización de los recursos básicos, asociado sin duda, al desastre medioambiental y el cambio climático, el control de la población a través del control mental blando (educación, desinformacion, mass media, leyes políticas restrictivas, control virtual,  digital y militar, empresas proveedoras de Big Data, etc), reducción de la población a través de genocidios, pandemias o epidemias de laboratorio, hambrunas provocadas, guerras inducidas, migraciones forzadas, terrorismo de bandera falsa, catástrofes naturales mediante geoingeniería militar (proyecto HAARP), crisis económicas planificadas, etc, manipulación de la salud e integridad de la población a través de la industria psico-farmaceútica y la manipulación genética, entre un largo etc. Se puede estar de acuerdo o no en la etiologia de estos desastres (allá cada cual) pero es obvio que todas estas cosas ocurren a gran escala. ¿Coincidencia? El ser humano tiene na infinita capacidad para protegerse de ese fenómeno psicológico defensivo llamado ceguera voluntaria (willfull blindness). Lo expone de manera magistral en una charla de TEDx una mujer llamada Gayla Benefield. La implementación de la tecnología 5G,  con la puesta en órbita de 20.000 satélites en el cinturón de Van Allen (que es el que nos protege principalmente de las radiaciones cósmicas), es solo otro paso más de los muchos que se han dado y que, sin duda alguna, se darán, hacia el control omnívodo de la ley de los algoritmos y el comercio del Big Data, instrumento esencial en el desarrollo e implementación de la biopolítica y del biopoder según lo entendió Michael Foucault.

A mi lo que me preocupa es que las semillas de esta ideología hace mucho que han germinado en la tierra fértil de la conciencia colectiva. Es un hecho que si a más de la mitad de la gente le ofrecieran la posibilidad de hibridarse con una tecnologia de IA (lo que viene a la llamarse cyborgs), a cambio de no sufrir (materialmente, claro), no envejecer,  o no morir, muchos firmarían ese contrato. Sin embargo, muchos detractores filosóficos e intelectuales, tambien espirituales,  del transhumanismo,  denuncian que sólo podrán beneficiarse de las ilimitadas posibilidades y la inmortalidad que ofrece la tecnología los que puedan pagarla. Los demás, serán programados para obedecer y someterse con programas de control y de alienación no tan blandos como a los que nos someten hoy en dia, sino cada vez mas complejos y duros.

El transhumanismo tiene sus propios profetas como Ian Person, Ronald Bailey, Ray Kurzweil (curiosamente, director de ingeneria en Googlee, que como sabemos, junto a Facebook, es  uno de los principales proveedores de big data a empresas privadas y gobiernos) y su propia agenda llamada proyecto Avatar. Arrabal describe esta agenda en su artículo de esta manera:

“El Proyecto Avatar o Iniciativa 2045, son los nombres con los que se conoce el gran proyecto transhumanista para alcanzar la ansiada inmortalidad física del
ser humano. Fue en marzo de 2012, cuando el multimillonario ruso Dimitry
Itskov lo presentó en el entorno del Global Future 2045 International Congress
celebrado en Moscú.

Meses después, volvía a recibir atención mediática tras la
carta abierta que dirigía a las personas más ricas del mundo integrantes de la
lista Forbes, en la que Itskov les proponía participar en el proyecto. El mismo
constaría de cuatro fases:

Avatar A: En esta fase del proyecto, a desarrollar entre 2015 y 2020, se
intentará construir un robot totalmente controlado a través de la mente
humana (esta fase ya está lograda).

Avatar B: En ésta, a conseguir entre 2020 y 2030, se pretenderá trasplantar
con éxito el cerebro de una persona a punto de fallecer en un cuerpo
totalmente robótico.

Avatar C: A desarrollar entre 2030 y 2035, en esta fase se intentaría conseguir
volcar el contenido de un cerebro humano (se experimentará con personas
voluntarias a punto de fallecer) en un soporte artificial, es decir, transferir toda la información de la personalidad con todas sus memorias a un avatar
totalmente robótico, es decir, una especie de androide-humano.

Avatar D: Para el año 2045, como punto final del trayecto, se intentaría lograr
una existencia “holográfica” o, dicho de otra manera, una vida virtual en la que
cualquier persona pudiera existir y desarrollar su vida íntegramente en el
interior de un sistema computerizado, sin necesidad de un sustrato físico
individualizado.

¿Sería esto posible? Podria ser, por que no, aunque dudo mucho que dentro de estos márgenes que se describen. Creo que el proceso será mas lento y gradual, pero que indudablemente irá en esa dirección.  Desde el punto de vista esotérico, todo tiene un tipo de conciencia, aunque el origen y la fuente de esa conciencia ni siquiera es  “espiritual”, como se acostumbra a decir para simplificar (El Espíritu no es el origen de la conciencia, como acostumbramos a creer,  sino un vehículo superior de esa conciencia, pero no el único ni el más elevado), sino que es desconocido (El Ain-Sof de la Kabbalah). Es posible que en su descenso por la esfera divina, espiritual, mental, emocional, etérica y física o material, la conciencia siga tomando formas desconocidas para nosotros. Y que lo que propone el transhumanismo sea una de estas formas. Lo irreconciliable del esoterismo y el transhumanismo es que el primero sabe que el origen de la conciencia es infinitamente anterior a su expresión en la materia, mientras que el segundo toma la materia como punto de partida, cuando en realidad,  la materia, desde el punto de vista esotérico,  es el nadir en el que el Arco Involutivo (lo que vulgarmente se conoce como el viaje del Espíritu a la Materia) da lugar al Arco Evolutivo (lo que vulgarmente se conoce como el viaje de la Materia al Espíritu). Hay en el transhumanismo cierta idea alquímica, por supuesto, pero pervertida y distorsionada,  desconectada de su dimensión espiritual, y eso es lo que le vuelve muy peligroso. Por otro lado, ningún esoterista, ni pasado ni presente ni futuro,  conoce los planes de Dios para la materia. Es posible que tenga más de uno. Los caminos de Dios son inexcrutables. 

Lo que si parece inevitable es que haya un corte a nivel evolutivo, como lo explica Emilio Carrillo en sus videos, charlas y conferencias.  Para mi no es nada nuevo,  la verdad. Yo lo presentí ya desde los 18 años (sobre 1993-94, en la actualidad tengo 45). Un corte evolutivo en el que una parte de la raza humana evolucionará por un sendero y otra por otro. Personalmente,  me niego a creer y mucho menos decir que uno sea mejor que el otro,  como se creen muchos de cada lado, denostando la otra parte. Me parece que ese es el “orgullo espiritual” que comete mucha gente que lleva años viviendo una vida asi llamada alternativa, o la gente que desde las grandes urbes masificadas y tecnológicas, los desprecian, o ignoran completamente su existencia. Puede que haya almas mas evolucionadas que otras, eso es un hecho,  pero a los ojos de Dios, todos estamos en pañales, todos somos niños.  Además, es un hecho en el Cosmos que hay  distintas lineas de evolución, para muchas especies distintas. Creo que cada alma tomará el camino que tenga que tomar, segun su karma particular, la corrección que haya de hacer, y su libre voluntad.  Unas almas se sentirán más a gusto en una sociedad tecnológica pero distópica, es decir, donde los supuestos beneficios de la tecnología sean accesibles aunque solo para unos pocos privilegiados. Otras almas renunciarán a esas posibilidades tecnológicas no sólo para preservar su integridad, sino porque esa tecnología no estárá al servicio de todo el mundo. Así  de simple. Pero la posibilidad de que los dos cursos se integren en dirección a una tecnología ecológica que fomente los valores humanos y respete sus distintas dimensiones, me parece, como poco, muy alejada en el tiempo. Creo no, estoy convencido,  de que antes llegarán tiempos muy convulsos. Para todos.

No tengo nada en contra de la tecnología (no es mi área y no me gusta hablar de lo que no conozco), aunque me parece que la verdadera tecnología es la que mira y aprende de la tecnología de las leyes de la  naturaleza, y por lo tanto, la que es capaz de cuidarla y vivir en armonía con ella, y por supùesto,  la que es puesta al servicio del desarrollo auténtico, no solo material, sino emocional, mental y espiritual de todos los seres humanos. De todos sin excepción.  Parece, a todos los efectos, que el desarrollo tecnológico (que es reflejo del desarrollo de su mente abstracta) del ser humano ha crecido de una manera muchísimo más rápida que su desarrollo moral (que es el reflejo cognitivo  de su desarrollo emocional, detenido y estancado, en la mayor parte de los casos, sobre los 7 u 8 años, cuando no gravemente distorsionado). Por otro lado, la tecnología de la naturaleza, aparte de ser aun desconocida,  se mueve a través de tiempos y ciclos mas lentos que la enloquecida y disociada mente humana.  De hecho, despues de haber vivido bastante  tiempo en ella, estoy convencido de que la naturaleza es el espejo en el que la tecnología se tendría que mirar. Hay tecnologías,  fruto del desarrollo mental abstracto del ser humano, como las que conocemos,  y hay tecnologías,  fruto de intuiciones espirituales y de la observación de la naturaleza (como la que investigó en su dia Nikola Tesla y la que investiga desde hace tiempo el controvertido y excolmulgado de la comunidad científica Nassim Haramein), cuyo acceso ha sido ocultado o negado sistemáticamente a la población, porque, básicamente, son tecnologías concebidas para liberar todo el potencial de la conciencia humana, y que no la manipulan ni la disocian ni la esclavizan.

Quiero terminar este largo artículo con un apunte. Desde el punto de vista esotérico, el ser humano, salvo pocas excepciones,  ha dominado el mundo mineral,  es decir, el mundo físico y elemental, porque su cuerpo más perfeccionado es su cuerpo físico.  Su creación llega hasta alli, pero no más allá. Para que su poder creador pueda afectar (no en el sentido de manipular sino de comprender y transformar) al mundo vegetal y animal, aun deben desarrollarse su cuerpo etérico (que es el resonante con el reino vegetal),  su cuerpo emocional ( que es el resonante con el reino animal) y su cuerpo mental (que es el resonante con el reino humano y otros reinos), en este orden. Ese desarrollo llegará con el advenimiento de las próximas razas y subrazas evolutivas, según predicen la Teosofía y otras tradiciones esotéricas.

Pero no es momento de entrar en ese tema. Hay que centrarse en el presente. En este corte que no ha hecho más que empezar,  y que se prolongará por los próximos años. En los próximos años todos (y digo todos) tendremos que elegir entre vivir en una sociedad tecnológico-materalista (en el sentido de creer que el origen de la conciencia es la materia) pero distópica (es decir, cada vez más injusta y desigual), o ecológica (llamemos a la ecología la tecnologia de la naturaleza a la que hasta ahora hemos tenido acceso, aunque haya muchas más todavía por desarrollar), espiritual y utópica. Durante mucho tiempo convivirán las dos sociedades, probablemente de una forma entremezclada, caótica y convulsa, tal como han ido haciendo los últimos años, pero desde un lugar mucho más extremo. Y habrá que elegir tanto individualmente como colectivamente. No estoy hablando de un modelo maniqueo de megaciudades tecnológicas versus ecoaldeas y comunidades ecológicas, aunque ya existan. Estoy hablando, más bien, de la semilla que cada uno quiera sembrar allí dónde esté. Dónde le toque sembrarla, porque hay un destino misterioso para cada alma, sea cual sea su grado evolutivo. Nadie es mejor ni peor esté donde esté, ni haga lo que haga. Son sólo distintos grados de manifestación de la conciencia.

Pero una advertencia para el que aún ande despistado, enfrascado o enredado en sus dramas subjetivos. No será fácil. Nada fácil. La sociedad distópica dificultará cada vez más el contacto con los niveles espirituales del ser humano, pero tambien con los biológicos y emocionales, queriendo reducir unicamente al hombre a su dimensión mental, pero una mente disociada, abducida, alienada,  que vivirá en un espacio cada vez mas virtual y menos real, que le hará estár, en realidad, cada vez más aislada e incomunicada, mientras que las élites transhumnas, posthumanas o lo que coño sean, lo devoran todo y se devoran a si mismas como un Uroboros.  Tal y como viven todas esas jerarquias de la Pirámide del Poder, y en especial, la Élites. El que no pueda vivir en la naturaleza, tendrá que encontrar la forma de hacer comunidad con otros seres humanos para seguir cultivando todos estos niveles, y sobre todo, para vivir, como escribía Ernst Junger,  como el emboscado que describe en su obra la  Emboscadura, una obra magistral donde las haya,  cuya lectura (o relectura) se hace muy necesaria en estos tiempos, pero sobre todo, su puesta en práctica.

No tengo mucho más que decir, salvo encorajar y animar a cada alma humana a salirse del programa de este adoctrinamiento salvaje, empoderarse para que tome su poder  y lo comparta desde su propia individualidad. Quizas esta sea la única forma de integrar lo individual y lo colectivo sin que lo uno devore a lo otro.

Mediten señores. Respiren. Amen. Vivan. Compartan. Miren la Naturaleza (y aprendan de ella). Recen si saben a quien rezar. Hagan ceremonias. Hagan lo que mejor saben hacer, sea lo que sea. Arte. Música. Literatura. Ciencia. Únanse. De la forma que sea. Aprendan a estar solos, tanto como a estar en compañia. Busquen la Sabiduría. Busquen el Amor. Busquen la Paz.

Que Dios les bendiga a todos.


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